La soledad, el silencio, las dificultades para acceder a especialistas, la violencia y la incertidumbre económica aparecen entre los factores.
Uruguay enfrenta uno de los mayores desafíos de salud pública de la región: tiene la tasa de suicidios más alta de América Latina, con 19,16 muertes cada 100.000 habitantes.
Según pudo saber Notas de Actualidad, aunque el indicador registró una leve disminución durante el último año, las autoridades uruguayas advierten que todavía no es posible hablar de un cambio de tendencia. Durante 2025 se registraron 668 muertes por suicidio en el país. Del total, el 79% correspondió a hombres y el 21% a mujeres.

Los mayores de 80 años, principalmente hombres, concentran las tasas más elevadas de muertes por suicidio. En cambio, los intentos son más frecuentes entre adolescentes, especialmente mujeres de entre 15 y 19 años.
Qué es el «Dividendo Trump» y por qué promete pagar US$5.000 a cada adulto si los republicanos ganan
Según los últimos datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), la tasa de suicidios para el conjunto del continente americano es de 9,2 cada 100.000 habitantes. Solo Guyana y Surinam presentan registros superiores a Uruguay.
Un ferry se incendió cerca de una isla turística de Filipinas: hay muertos y desaparecidos
¿Por qué un país de apenas 3,4 millones de habitantes enfrenta una cifra tan elevada? Los especialistas consultados señalan que no existe una única causa, sino una combinación de factores sociales, económicos, familiares y vinculados al acceso a la salud mental.
1. La soledad y la falta de vínculos
Uno de los factores que aparece con mayor frecuencia es la soledad.
En Uruguay, la soledad figura entre los principales motivos de consulta psicológica. Un estudio realizado para el Ministerio de Salud Pública reveló que el 24% de la población se encuentra en el nivel más alto del índice de soledad.

Para especialistas de la Universidad de la República, sentirse solo no significa necesariamente estar físicamente aislado. También puede implicar experimentar una falta de conexión significativa, pertenencia o redes de apoyo.
El Niño elevará 30 centímetros el nivel del mar en California y aumenta el riesgo de inundaciones
La dinámica social centrada cada vez más en el individualismo, la productividad y el éxito puede profundizar esa sensación de desconexión. Entre los jóvenes, además, las redes sociales ocupan un lugar central en la construcción de vínculos y pueden influir en la forma en que atraviesan situaciones de aislamiento.
2. El silencio y el estigma sobre la salud mental
Otro de los problemas señalados por los especialistas es la dificultad para hablar abiertamente sobre el sufrimiento emocional y pedir ayuda. El caso de Yamila Durán, una joven uruguaya de 18 años, refleja esa situación. Cuando buscó asistencia, contó que se sentía sola y que no se sentía comprendida ni escuchada.

Durante un período se alejó de sus amigos y abandonó la secundaria. En el espacio de atención psicológica al que acudió encontró un lugar donde pudo hablar de lo que estaba atravesando y establecer vínculos con otros jóvenes.
El programa en el que participa se denomina “Ni Silencio Ni Tabú”, una iniciativa del Instituto Nacional de la Juventud junto con el Ministerio de Salud Pública y Unicef.
La propuesta busca justamente derribar los obstáculos que todavía existen para hablar sobre salud mental y solicitar ayuda.
Los especialistas advierten que el suicidio tampoco ocupa siempre un lugar proporcional en el debate público, pese a que durante años fue una de las principales causas de muerte violenta en Uruguay.
3. Las dificultades para acceder a especialistas
Uruguay avanzó en el reconocimiento de la salud mental como un derecho y desarrolló distintos programas de atención. Sin embargo, el acceso efectivo a especialistas continúa siendo un desafío. Las dificultades son especialmente importantes fuera de Montevideo.
En Las Piedras, una de las ciudades más pobladas del país, existe una única psiquiatra dentro del sistema público, según explicó a BBC Mundo el coordinador de una institución local. La distribución de los servicios también constituye un problema. El Instituto Nacional de la Juventud cuenta con centros de atención en distintas localidades para intentar ampliar el acceso a jóvenes de todo el país.
Reducir los tiempos de espera para la atención psiquiátrica y mejorar el seguimiento de las personas que atravesaron intentos de suicidio forman parte de las medidas impulsadas por las autoridades sanitarias.
Los especialistas, además, remarcan que salud mental y suicidio no son conceptos equivalentes: no todas las personas que mueren por suicidio tienen un trastorno de salud mental y muchas personas con problemas de salud mental no presentan conductas suicidas.
4. La violencia en los vínculos
Las relaciones violentas también aparecen entre los factores que pueden afectar la salud mental. La violencia psicológica dentro de la familia, la pareja o los centros educativos puede generar consecuencias sostenidas sobre la autoestima y el bienestar emocional.
A esto se suman factores sociales como la pobreza, la precariedad laboral, las dificultades habitacionales, el desempleo y la desigualdad. Según un estudio de la Universidad de la República de 2023 citado en el informe, las personas en situación de pobreza tienen un 50% más de riesgo de desarrollar trastornos mentales severos.
La violencia también presenta diferencias según el género. Una encuesta de Unicef Uruguay encontró que el 30% de las mujeres jóvenes declaró haber atravesado alguna situación de abuso sexual durante su infancia o adolescencia, frente al 9% de los varones.
Los especialistas advierten que las experiencias de violencia y abuso pueden dejar consecuencias profundas y afectar la salud mental a largo plazo.
5. La incertidumbre sobre el futuro
El quinto factor señalado es la incertidumbre respecto del futuro. La falta de estabilidad laboral, las dificultades para acceder a una vivienda, la independencia económica y la imposibilidad de construir proyectos personales pueden generar una sensación de estancamiento o falta de horizonte.
En una sociedad con una población envejecida y una estructura demográfica particular, esta preocupación adquiere características propias.
Los especialistas sostienen que la respuesta al problema no puede limitarse a ampliar los consultorios psicológicos. También resulta necesario fortalecer los vínculos sociales, las redes comunitarias y los espacios donde las personas puedan hablar sobre sus problemas sin sentirse juzgadas.
Una problemática que va más allá de las cifras
La ministra de Salud Pública de Uruguay, Cristina Lustemberg, pidió no perder de vista que detrás de cada estadística existe una historia personal y familiar.
“Detrás de cada número hay una persona, hay una trayectoria vital interrumpida, hay una familia y una comunidad profundamente afectada”, sostuvo durante la presentación del informe anual.
El caso de Yamila muestra, además, la importancia de contar con espacios de acompañamiento. Después de comenzar terapia y participar de actividades con otros jóvenes, retomó sus estudios y asegura que sus pensamientos suicidas se despejaron.
Ahora tiene un nuevo objetivo: estudiar psicología cuando termine la secundaria. El caso también refleja una de las principales conclusiones de los especialistas: el suicidio es un fenómeno complejo y multicausal, por lo que su prevención requiere no solo atención profesional, sino también redes de apoyo, vínculos saludables, acceso a servicios de salud mental y espacios donde pedir ayuda sea posible.
Si vos o alguien que conocés está atravesando una crisis emocional o tiene pensamientos de hacerse daño, es importante buscar ayuda profesional o recurrir de inmediato a los servicios de emergencia y líneas de asistencia disponibles en tu país.
