Durante la proscripción de Onganía a la apertura de Bignone, los partidos políticos sufrieron ostracismo mientras militares intentaban perpetuar el autoritarismo.
Por Fernando Del Corro
Los partidos políticos que fueron hibernados por el presidente de facto Juan Carlos Onganía en 1966 volvieron al ostracismo diez años después, cuando el ex general Jorge Rafael Videla se convirtió en el primer presidente tras el golpe que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez y puso en marcha el trágico “Proceso de Reorganización Nacional”.
Desde aquel 24 de marzo fatídico, ocurrieron hechos de enorme gravedad para los argentinos, que terminaron debilitando a los militares gobernantes. Entre ellos, la Guerra de las Malvinas, que concluyó con una ominosa rendición y fracturó la cohabitación de las tres fuerzas armadas. El Ejército asumió la retirada.
La política económica liderada por José Alfredo Martínez de Hoz provocó un salto exponencial de la deuda pública argentina, generando una crisis financiera que persiste hasta hoy y que afectó especialmente los presupuestos de las Fuerzas Armadas. Esa crisis, agravada por los gobiernos posteriores, incluido el actual de Javier Gerardo Milei, ha puesto al país en jaque.
El 17 de junio de 1982, el ex general Leopoldo Fortunato Galtieri fue destituido como presidente y comandante en jefe del Ejército. Tras consultas, se designó por primera vez a un retirado: el general Reynaldo Benito Bignone, quien se comprometió a levantar la veda política. Lo hizo el 1 de julio, al asumir la Presidencia de la Nación, y anunció elecciones para 1984, que finalmente se realizaron el 30 de octubre de 1983, hace hoy 42 años. El gobierno se entregó el 10 de diciembre al triunfador, Raúl Ricardo Alfonsín.
Durante los 75 meses de veda política, algunos militares intentaron reemplazar a los partidos tradicionales. El ex almirante Eduardo Emilio Massera, integrante de la primera junta militar, creó el Partido para una Democracia Social (PDS) con perfil socialdemócrata, intentando integrarse a la “II Internacional” socialista con apoyo del diputado Jorge O. Selser, pero fracasó. La organización expulsó al actual Partido Socialista Democrático (PSD) por su vínculo con el “Proceso”.
Por su parte, Galtieri lanzó el Movimiento de Opinión Nacional (MON) en febrero de 1982, retomando una idea de tiempos de Videla y del general Roberto Eduardo Viola, con apoyo de políticos como José Antonio Romero Feris, Guillermo Acuña Anzorena y María Cristina Guzmán. Sin embargo, ni el PDS ni el MON lograron consolidarse.
Los partidos tradicionales comenzaron a reorganizarse y conformaron la Multipartidaria, que el 17 de julio de 1982 organizó la “Marcha de la Civilidad”. Estuvo integrada por el Partido Justicialista (PJ), la Unión Cívica Radical (UCR), el Partido Intransigente (PI), el Partido Demócrata Cristiano (PDC) y el Movimiento de Integración y Desarrollo (MID). Desde fuera, también se movilizaron partidos de izquierda como el Partido Comunista (PC) y el Movimiento al Socialismo (MAS).
Algunos partidos de izquierda se reformularon tras la disolución decretada por la administración Bignone: el Partido Socialista de los Trabajadores (PST) se convirtió en MAS, Política Obrera (PO) en Partido Obrero (PO), y el Partido Comunista Revolucionario (PCR) en Partido del Trabajo y el Pueblo (PTP).
La resistencia sindical comenzó en 1976, con la disolución de la CGT en 1977. A pesar de ello, se impulsó el primer paro general en abril de 1979, seguido por otro el 22 de abril de 1981, bajo la conducción del cervecero y luego diputado nacional Saúl Edolver Ubaldini (PJ-Buenos Aires), con el lema “Paz, pan y trabajo”.
