El objetivo central es evitar impactos climáticos irreversibles sobre ecosistemas, economías y sociedades.
El 12 de diciembre de 2015, en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, se alcanzó el histórico Acuerdo de París, un pacto global destinado a frenar el calentamiento del planeta mediante la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Once años después, el balance muestra avances parciales y desafíos persistentes.
El objetivo central del acuerdo es limitar el aumento de la temperatura global a menos de 2 °C respecto de los niveles preindustriales, e idealmente por debajo de 1,5 °C, con el fin de evitar impactos climáticos irreversibles sobre ecosistemas, economías y sociedades.
Un pacto global con metas ambiciosas
Para alcanzar esa meta, los países firmantes se comprometieron a reducir emisiones, impulsar políticas de mitigación y fortalecer la adaptación y resiliencia frente a fenómenos climáticos extremos. También se planteó la necesidad de movilizar financiamiento internacional para que las naciones en desarrollo puedan implementar estas medidas.
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El texto final fue producto de intensas negociaciones iniciadas el 30 de noviembre de 2015 y concluidas el 12 de diciembre. Posteriormente, el acuerdo comenzó a firmarse el 22 de abril de 2016 —Día de la Tierra— en Nueva York y entró en vigor el 4 de noviembre de ese mismo año, tras la ratificación de decenas de países y la Unión Europea.
El antecedente del Protocolo de Kioto
El acuerdo reemplazó en la práctica al Protocolo de Kioto, firmado en 1997 en Japón y vigente desde 2005, que había sido el primer instrumento internacional para limitar emisiones, aunque con compromisos principalmente para países desarrollados.
Tensiones políticas y el retiro de Estados Unidos
No todos los gobiernos respaldaron el acuerdo con la misma convicción. El 1 de junio de 2017, el entonces presidente estadounidense Donald Trump anunció el retiro de su país, argumentando que perjudicaba la economía nacional.
La decisión generó rechazo internacional, ya que Estados Unidos es uno de los mayores emisores de carbono y financiadores de iniciativas climáticas. Su sucesor, Joe Biden, revirtió la medida y reincorporó al país al pacto en 2021.
Quiénes emiten más gases de efecto invernadero
Actualmente, las mayores emisiones globales de dióxido de carbono provienen de:
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China — alrededor del 29 %
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Estados Unidos — cerca del 14 %
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Unión Europea — cerca del 10 %
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India — alrededor del 7 %
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Rusia — cerca del 5 %
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Japón — alrededor del 3,5 %
El resto del mundo, en conjunto, representa aproximadamente un tercio de las emisiones totales.
Avances limitados y proyecciones preocupantes
Diversos estudios señalan que los compromisos actuales no alcanzan para cumplir las metas del acuerdo. Si no se profundizan las reducciones, la temperatura global podría aumentar más de 3 °C hacia fines del siglo XXI, con consecuencias severas como sequías, inundaciones, pérdida de biodiversidad y daños económicos masivos.
Investigaciones científicas también advierten que el sistema climático puede amplificar el calentamiento mediante procesos de retroalimentación, lo que podría llevar a aumentos de entre 4 °C y 5 °C en escenarios extremos.
Incluso si el incremento se limitara a 1,5 °C, se prevén impactos significativos, especialmente en recursos hídricos, con crecidas de ríos e inundaciones en regiones densamente pobladas de América, Europa y África.
Un desafío global aún sin resolver
A más de una década de su firma, el Acuerdo de París sigue siendo el principal marco internacional para enfrentar el cambio climático, pero su éxito depende de la voluntad política, la cooperación internacional y la transformación profunda de los modelos energéticos y productivos.
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Mientras las emisiones globales continúan elevadas y los eventos climáticos extremos se intensifican, la comunidad internacional enfrenta una pregunta crucial: si las acciones actuales serán suficientes para evitar los peores escenarios o si el mundo llegará tarde a su propia meta.
