El valor de la carne aumentó en las últimas semanas, incluso muy por encima del IPC del 2,5% en noviembre.
En las últimas semanas, el precio de la carne volvió a aumentar y el efecto se sintió de inmediato en el bolsillo de los consumidores y en el Índice de Precios al Consumidor (IPC), en un contexto donde la presión se intensifica por la mayor demanda estacional vinculada a las fiestas y a los eventos de fin de año. Desde el sector ganadero aseguran que la suba no responde a un episodio aislado, sino a un proceso de normalización del mercado luego de varios años de precios rezagados frente a la inflación.
Un informe elaborado por el Instituto de Estudios Económicos y Negociaciones Internacionales (IEEyNI) y la Comisión de Carnes de la Sociedad Rural Argentina (SRA) analizó las causas y consecuencias del escenario actual y sostuvo que, pese a las tensiones de corto plazo, el panorama resulta favorable para la actividad en el mediano plazo.
“El aumento reciente en el precio de la hacienda surge de la convergencia de factores climáticos, productivos, logísticos y biológicos que se manifiestan en un momento de transición profunda para la ganadería argentina. No es un episodio coyuntural, sino la normalización de un mercado que durante cuatro años mantuvo precios rezagados frente a la inflación”, señala el documento publicado a comienzos de este mes.
En noviembre, el IPC registró un incremento del 2,5%, mientras que el novillo de más de 390 kilos aumentó 17,3% y la carne al consumidor subió 8,3%, cifras que explican el peso del rubro en la dinámica inflacionaria reciente.
Distorsiones en la medición y tensiones de corto plazo
Uno de los ejes centrales del informe es la forma en que el IPC mide el impacto de la carne en el gasto de los hogares. Según el análisis, existe una “fuente importante de confusión” debido a que el índice no refleja los patrones reales de consumo de proteínas en la Argentina.
En las últimas dos décadas, la dieta de los argentinos se modificó de manera significativa: mientras el consumo total de proteínas animales creció, la carne vacuna perdió participación frente al avance del pollo y el cerdo. “Como el índice sigue midiendo hábitos que ya no representan a la mayoría de los hogares, amplifica la percepción de aumento”, advierten desde el sector. En ese sentido, sostienen que una actualización metodológica, prevista para enero de 2026, permitiría una medición más ajustada a la realidad y evitaría sobredimensionar el impacto de la carne vacuna en la inflación.
A estos factores se sumaron las lluvias intensas en distintas zonas ganaderas y el deterioro de los caminos rurales, que complicaron el traslado de la hacienda y redujeron de manera temporal la oferta en los mercados concentradores. El informe destaca el menor ingreso de camiones al Mercado Agroganadero de Cañuelas durante las semanas de mayores precipitaciones como evidencia de cómo la intransitabilidad limita la llegada de animales a los remates y genera tensiones de corto plazo sobre los precios.
Factores estructurales y expectativas a futuro
El informe identifica como factor estructural clave las políticas de intervención aplicadas entre 2019 y 2023, que incluyeron precios máximos, restricciones y cupos a las exportaciones, derechos de exportación y señales regulatorias contradictorias. Según el sector, estas medidas desincentivaron la inversión, afectaron la previsibilidad del negocio y derivaron en menor retención de vientres, caída de la inversión y una limitada capacidad de crecimiento del rodeo.
A esto se sumó el impacto de la sequía, que redujo en aproximadamente 700.000 terneros por año los nacimientos de 2023 y 2024, dejando una base productiva más baja que hoy restringe la disponibilidad de animales terminados justo cuando la demanda comienza a recuperarse.
Del lado del consumo, el informe observa una mejora del salario real que impulsó una recuperación desde los mínimos del año pasado. En paralelo, el mercado internacional mostró precios más altos y, a nivel regional, Brasil y Uruguay enfrentaron restricciones de oferta, lo que sostuvo los valores y reforzó la tendencia alcista en toda la región.
Para el sector, la llegada de Javier Milei a la presidencia marcó un punto de inflexión por la eliminación de cupos y regulaciones, lo que mejoró la previsibilidad y reactivó las expectativas de inversión. Sin embargo, la SRA advierte que los resultados no son inmediatos: “Entre la decisión de invertir y la disponibilidad de carne transcurren entre 24 y 36 meses”, remarca el informe, que estima que la recomposición plena del stock ganadero demandará entre dos y cuatro años.
Como conclusión, el trabajo sostiene que la suba de precios no es un hecho aislado sino parte de una transición estructural, que marca el inicio de un nuevo ciclo para la ganadería argentina y no su final.
