Luego de la media sanción del Presupuesto y el despacho de comisión de la reforma laboral, el verano abre una ventana para bajar la temperatura política e invitar a diseñar y poner en práctica un espacio de reflexión y orden de ideas.
Por Miguel Ángel Rouco
El Presidente Javier Milei se mostró enfático al confirmar la hipótesis de un equilibrio fiscal a rajatabla, de acuerdo con las condiciones y el escenario económico actual.
Al mismo tiempo, garantizó que la Argentina hará frente al pago de los vencimientos de la deuda que operan el próximo 9 de enero por algo más de 4.000 millones de dólares, de los cuales el Tesoro ya cuenta con la mitad de esos fondos propios. El resto se cubrirá con diversos mecanismos de financiación disponibles, y mencionó que existen ofertas por unos 7.000 millones de dólares por parte de bancos.
En el mismo sentido, y en orden de prioridades, proyectó sus estimaciones inflacionarias.
Tanto el equilibrio fiscal como la inflación, Milei los ha tomado como una cruzada. El Jefe del Estado hizo de estos dos objetivos casi como los nuevos mandamientos sagrados del evangelio liberal. Para Milei se trata no solo de hitos económicos permanentes, sino de un compromiso moral, algo desconocido hasta ahora en la polis criolla.
Son tiempos de cambios, y todos los cambios producen alteraciones, crispaciones y, sobre todo, salidas de la zona de confort para muchos actores que dominaron la escena económica desde una posición de abuso del derecho y la destrucción de la legitimidad.
La ventana estival es una invitación para que toda la sociedad se tome tiempo y reflexione hacia el diseño de una nueva arquitectura que soporte los cambios que se avecinan.
Hay nuevas generaciones que están empezando a caminar. Hay nuevas formas de aprendizaje, de parámetros y de desarrollo social, económico y político.
Quienes transitaron ya gran parte de la vida hicieron lo que estuvo a su alcance en un contexto muy volátil, inestable, en un ambiente de autodestrucción muy gravoso y con un resultado dañoso pocas veces visto.
Se está yendo una generación que apenas pudo conservar algo de lo que construyó con mucho esfuerzo, aunque no por ello se la puede desdeñar.
Pero los tiempos han cambiado y las formas también. No se puede medir con la misma vara que se utilizaba tiempo atrás. Un ejemplo muy doméstico es que se sigue midiendo el nivel del comercio o de la actividad económica por las ventas físicas, y se deja de lado el comercio electrónico o digital, que diariamente gana más participación.
Esto obliga no solo a replantear las estadísticas, sino también la legislación, y allí empieza una tarea que llevará tiempo. Los cambios en la sociedad obligan a readaptar el marco de acción, y eso genera incomodidad y desplaza a quienes se movían con viejos parámetros para dar lugar a nuevos actores.
Tal vez el Milei que vemos en las últimas semanas está dando paso a otro Milei más moderado, pero manteniendo los mismos objetivos. El Presidente proyectó que a mediados de año el alza general de precios mensual estaría por debajo del 1%, algo desconocido para las nuevas generaciones que crecieron con el veneno inflacionario.
Eso es un paso adelante. Pero el camino es largo. Falta mucho. Hay condiciones muy favorables para el crecimiento, tanto o más como las que hubo durante la Convertibilidad, algo también desconocido para las nuevas generaciones.
Tiempo y espacio para rediseñar y empezar a construir algo nuevo.
