Más allá del ruido: por qué la baja de la inflación cambia el escenario económico en Argentina

La desaceleración de los precios, el aumento de la demanda de pesos y el impulso de sectores como el campo, la minería y la energía configuran un contexto distinto para la actividad productiva.


Por Miguel Ángel Rouco

Luego de muchos meses de incertidumbre creciente, finalmente, la inflación parece haber ingresado en una pendiente claramente descendente, a partir de una suba de precios cercana al 2% mensual.

La compra de dólares para engrosar las reservas parece haber restado poder de calentamiento al índice de inflación y, salvo algún factor geopolítico, no se vislumbra la aparición de los denominados «cisnes negros» que compliquen la suba de precios.

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Esta fortaleza del sistema de reservas sin depender de los aportes de los organismos financieros internacionales trae tranquilidad a los inversores y, de no mediar algún imprevisto, la apertura total del cepo podría producirse antes del fin del corriente año.

Al mismo tiempo, y por lo que demuestra un informe del Banco Central, paulatinamente está aumentando la propensión a quedarse en pesos.

Existe un incremento muy notorio de la demanda de pesos por parte de los operadores, tanto en lo referente a los préstamos como al nivel de depósitos, mucho más marcado en las colocaciones a la vista.

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Otro factor de tracción de pesos está vinculado a la mayor actividad de sectores como la energía y la minería y al desarrollo de su cadena de proveedores. En efecto, tanto en el Comahue como en Cuyo, las empresas mineras y petroleras están desarrollando una actividad prospectiva y extractiva creciente, lo cual requiere el suministro de insumos y logística que deberá ser provista por productores locales, condición necesaria para acceder a los beneficios del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) y su contrapartida dentro del Régimen de Incentivos para Medianas Inversiones (RIMI), que contemplan la participación de PYMEs locales.

Al mismo tiempo, la rebaja de las retenciones en el sector agropecuario está generando una fuerte liquidación de divisas por parte de los exportadores, que se traduce en una mayor demanda de pesos en los sectores de la producción rural.

Este proceso produce el denominado «efecto derrame» sobre numerosos pueblos de la Pampa Húmeda, que ven incrementada significativamente su actividad doméstica, arrastrando una mayor demanda de mano de obra.

En la próxima muestra de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), seguramente se podrá apreciar parte de este fenómeno que está ocurriendo en grandes zonas del interior del país.

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No es inimaginable ver en los próximos trimestres un aumento de la migración interna desde el AMBA hacia el interior, conformándose nuevos procesos demográficos y urbanísticos.

Las disputas de poder y las rencillas internas, propias de la política argentina, a veces intentan eclipsar lo que ocurre en la economía real. Sin embargo, a pesar de que algunos viven de azuzar fantasmas, el actual proceso económico está mostrando sus primeros progresos sobre la economía real.

Los anuncios de nuevas inversiones están consolidando un perfil productivo para la Argentina y no hay «ni círculos rojos, ni indios, ni románticos de la inflación que puedan detenerlo». Y la gente lo empieza a percibir, a pesar del mal humor reinante.

¡Es la economía, estúpido!

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