Algo se está moviendo: las señales que entusiasman a la economía argentina

En medio de un escenario todavía complejo, emergen factores que podrían anticipar un cambio de tendencia: cuáles son.


Por Miguel Ángel Rouco

Las últimas proyecciones de la inflación de mayo indican que los precios se movieron con un incremento de alrededor del 2%, confirmando el proceso de desaceleración que lideran los bienes.

No ocurre lo mismo con los servicios, que se mantienen con incrementos superiores a esa cifra, dado que la rigidez y la falta de competencia hacen que solo la readaptación de los consumidores sea el único motivo que los lleva a una baja.

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En este sentido, la menor recomposición salarial es la única vía de corrección de precios en el sector de los servicios por la falta de competencia, algo que constituye una asignatura pendiente del Gobierno y, tal vez, el punto más flojo del andamiaje económico.

Este déficit de la política económica oficial aparece como uno de los principales factores que ralentizan la baja de la inflación, lo que hace que el descenso de los precios sea más lento y pueda generar efectos políticos adversos ante una eventual pérdida de paciencia o un aumento de la ansiedad por parte de la sociedad.

Sin embargo, estos indicadores de inflación descendente van acompañados por un aumento de la actividad económica, lo que permite avizorar un escenario más favorable.

Se trata de una mejora lenta, todavía imperceptible para el bolsillo de gran parte de la población, pero que va sentando las bases de una nueva economía.

El aumento de las exportaciones es uno de los datos más relevantes, incluso frente a los reclamos de quienes sostienen la necesidad de una mayor recomposición cambiaria.

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Los datos muestran que las exportaciones se están recuperando sin necesidad de una devaluación del peso y que el ingreso de divisas se produce en un contexto donde la moneda local se aprecia a pesar de la inflación.

Cereales, oleaginosas, carnes, pesca, minería y energía conforman el principal núcleo de las ventas externas del país, a los que se están sumando las exportaciones de automotores y otros productos industriales.

Pero hay más. La crisis en Oriente Medio, que impulsó una suba en el precio del petróleo, despertó un renovado interés por los biocombustibles, un sector en el que Argentina cuenta con importantes ventajas comparativas.

En este contexto, el proyecto impulsado por la senadora Patricia Bullrich para ampliar la producción y la inversión en plantas de biocarburantes adquiere una relevancia especial, pese a la oposición de sectores de una industria que creció bajo esquemas de protección estatal y que luego se estancó en su desarrollo.

La brecha entre la disponibilidad de insumos y la capacidad de destilación resulta evidente. Mientras existe una oferta cercana a las 8 millones de toneladas de soja para producir biodiésel, la industria solo desarrolló una capacidad de procesamiento de unas 650.000 toneladas.

Algo similar ocurre con el bioetanol, donde la oferta de caña y maíz para producir alcohonafta es muy superior a la capacidad instalada.

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La pregunta surge de manera inevitable: ¿cómo es posible que tras dos décadas de protección y beneficios fiscales la industria no haya logrado expandirse? La respuesta, según esta mirada, es que la excesiva protección terminó actuando como un factor de estancamiento.

La nueva ley promovida por Bullrich apunta a una desregulación del sector, habilitando la llegada de nuevos actores para ampliar la capacidad de destilación. A la vez, propone un incremento en el porcentaje de mezcla de biocombustibles en los combustibles tradicionales, con el objetivo de mejorar el rendimiento de los vehículos y generar beneficios ambientales.

Aun con todas las adversidades, algunos indicadores muestran movimientos positivos, en un contexto atravesado por la crisis global y los desafíos heredados.

La conclusión vuelve a ser la misma: paciencia. La realidad económica no se observa únicamente desde la perspectiva del área metropolitana; en muchas regiones del interior del país, los procesos y las dinámicas muestran matices diferentes.

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