Inflación y crisis externa: las decisiones del Gobierno para sostener la economía en el corto plazo

Medidas monetarias y energéticas buscan aliviar el impacto de la guerra en Medio Oriente en la actividad nacional.


Por Miguel Ángel Rouco

Mientras el conflicto en Oriente Medio entra en una fase decisiva y sus efectos definitivos constituyen aún una gran incógnita, el gobierno nacional avanza en algunas decisiones que mejoran las expectativas en el corto plazo.

En la admisión de una inflación muy rebelde, la Casa Rosada ha tomado la resolución de relajar las tensiones monetarias e intentar moderar el impacto de la suba de los combustibles en el sistema de precios.

Aún así, las autoridades no dejan de mantener su atención en lo que ocurre en el Golfo Pérsico, dado que de la duración, extensión y profundidad del conflicto dependerán también los próximos pasos.

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En este contexto, y ante las restricciones financieras derivadas del conflicto, el impacto a nivel mundial se tradujo ya en una alerta por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) que, ante la suba de precios, las tasas de interés volverán a ajustarse hacia el alza, imponiendo más restricciones a los flujos de capital hacia los países emergentes.

Ante este escenario, y ya superados los temores políticos derivados de las elecciones de medio término que obligaron a endurecer la política monetaria, el Banco Central (BCRA) dispuso una reducción de los encajes bancarios a partir del próximo miércoles, lo cual permitirá a las entidades financieras facilitar la refinanciación de las deudas de sus clientes.

Esta menor exigencia da margen para que el sistema financiero pueda, al mismo tiempo, reducir las previsiones por incobrabilidad y facilitar a sus clientes un estiramiento de los plazos y condiciones de financiación.

Al mismo tiempo, mejora los balances de las entidades al reducir la exposición de riesgos y disminuir significativamente sus pasivos.

De la misma manera, al reducir las tasas de interés, la nueva normativa permite no solo estirar los plazos, sino también dar nuevo financiamiento al consumo, que se encuentra fuertemente cercado tras la crisis financiera y la corrida cambiaria de mediados de 2025.

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La medida del BCRA también resulta en una mejora en la financiación del comercio exterior, ya que no afecta a las líneas de prefinanciación a las exportaciones, dejando también sin complicaciones la oferta de divisas al sector importador de insumos.

A veces los movimientos parecen llegar tarde y lentos a ojos de los actores económicos. Sin embargo, la gravedad, profundidad y magnitud de la crisis heredada del kirchnerismo es tan grande que esta necesaria y obligada sintonía fina monetaria y cambiaria no resulta bien valorada. Punto a favor, en este caso, para el tándem Luis Caputo-Santiago Bausili.

La llegada de los dólares de la cosecha gruesa hace que el impacto de una mayor liquidez sobre el tipo de cambio quede neutralizado por la mayor oferta de divisas, con lo cual se despeja el temor a una corrida, aunque no se descarta una mejora de la paridad.

La otra medida acertada, y que proveerá de mayor tranquilidad a la administración Milei, viene del sector energético.

El conflicto de Oriente Medio, que disparó los precios del petróleo y del gas, abrió las puertas a un nuevo horizonte energético en el país.

Ya no solo se piensa en acelerar el ritmo de inversiones en los combustibles fósiles —en especial en los no convencionales, a partir de las formidables reservas de Vaca Muerta y Rincón de los Sauces—, sino que en la transición el gobierno apunta al desarrollo de los biocombustibles para paliar el impacto de los carburantes sobre la inflación.

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En este sentido, y tal como lo habíamos anticipado hace unas semanas, la decisión de la Secretaría de Energía de ampliar el corte de bioetanol hasta el 15% en el expendio de naftas resulta una política acertada para atenuar la suba de precios en las estaciones de servicio.

De la misma manera, la cartera energética ahora está abocada a tomar una decisión similar en el caso del biodiésel, dada su enorme incidencia en el transporte de mercaderías y personas. En este caso, y siempre que el conflicto bélico se prolongue, las autoridades podrían ampliar el corte hasta el 20%, en línea con la tolerancia tecnológica de los motores actuales.

A pesar de su conocida cautela, el gobierno analiza con algunos gobernadores del centro y norte del país sancionar una modificación de la ley de biocombustibles que permita ampliar la participación de bioetanol —sea que provenga de azúcar o maíz— y de biodiésel, lo cual mejoraría significativamente la actividad en esas provincias. Ampliaremos.

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