Familiares de rehenes argentinos pidieron al Vaticano que intervenga ante el régimen chavista

Fue durante una manifestación frente a la sede de la Nunciatura Apostólica de Buenos Aires: «La Iglesia católica no puede ser tibia; queremos que esté del lado de las víctimas y alce la voz», exigió un familiar.


La falta de avances concretos en la liberación de argentinos detenidos en Venezuela empujó a sus familiares a buscar una instancia internacional de mediación. Este viernes, un grupo de allegados se manifestó frente a la Nunciatura Apostólica en la Ciudad de Buenos Aires para pedir la intervención directa del Vaticano ante el régimen chavista.

La convocatoria estuvo liderada por María Alexandra Gómez y Virginia Rivero, esposas del gendarme Agustín Nahuel Gallo y del abogado Germán Darío Giuliani, quienes continúan privados de su libertad en territorio venezolano. Durante la protesta, los familiares exhibieron pancartas y fotografías de los detenidos para visibilizar el reclamo.

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En ese marco, ambas mujeres fueron recibidas por monseñor Daniele Liessi, ministro consejero de la Nunciatura. Allí entregaron un escrito dirigido al papa León XIV y al cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, con un pedido formal para que la Santa Sede intervenga como mediadora ante el gobierno de Nicolás Maduro.

El documento hace foco en la defensa de la dignidad humana y reclama acciones urgentes para resguardar la integridad física y psicológica de los ciudadanos argentinos, a quienes las familias consideran víctimas de detenciones arbitrarias y sin garantías legales.

Gómez fue tajante al reclamar un rol activo de la Iglesia: “La Iglesia católica no puede ser tibia; queremos que esté del lado de las víctimas y alce la voz en defensa de los derechos humanos”. En la misma línea, advirtió que la situación excede los casos individuales: “Hay más de 900 personas secuestradas en Venezuela y su libertad debe ser un clamor mundial”.

Rivero, en tanto, cuestionó el incumplimiento de los compromisos oficiales. “Hace dos semanas prometieron liberar a los presos políticos y vemos que el proceso avanza muy lentamente, sometiendo a las familias a una angustia constante”, sostuvo.

Detenciones, denuncias y cifras en disputa

La preocupación de los familiares se apoya en los informes difundidos por organismos internacionales y ONG de derechos humanos, que alertaron sobre un patrón de detenciones arbitrarias, torturas y desapariciones forzadas en Venezuela. Según estas organizaciones, el contexto actual está marcado por persecución política y violaciones sistemáticas a las garantías fundamentales.

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Desde la oposición y el sector humanitario aseguran que, desde el 8 de enero, se constataron entre 154 y 170 excarcelaciones, un número sensiblemente menor al informado por las autoridades venezolanas. Además, el régimen no difundió información oficial sobre las identidades ni el estado de las personas liberadas tras el anuncio realizado por el titular del Parlamento, Jorge Rodríguez.

El reclamo se replica dentro de Venezuela

Mientras tanto, el pedido por la liberación de presos políticos también se sostiene dentro del país. Mayerlin González, esposa de Ebro Leonardo Delgado Briceño, detenido desde julio de 2022, expresó a la agencia EFE: “No estamos tranquilos. Cada día aumenta nuestro desespero y nuestra incertidumbre”.

González permanece desde hace semanas en las inmediaciones de la cárcel El Rodeo I, en el estado Miranda, donde hasta el lunes se registraban 91 presos políticos, según datos de la ONG Foro Penal. Allí, junto a otros familiares, duerme en carpas y sobre colchones improvisados frente a un penal originalmente destinado a delincuentes comunes.

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Si bien reconoció que las excarcelaciones anunciadas “generan esperanza”, remarcó que muchos detenidos continúan sin respuestas. “Nuestros familiares siguen allí”, afirmó.

Una situación similar describió Betzaida Márquez Vargas, madre de Douglas Marchán, detenido el 31 de agosto en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía al regresar de un vuelo comercial desde Estados Unidos, donde residía. “Cada persona que sale es una alegría, un triunfo”, señaló, aunque subrayó que decenas de familias aún esperan noticias.

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