El organismo volvió a reclamar que la recuperación llegue a todos los sectores, mientras la revisión del acuerdo expone diferencias con el Gobierno.
Por segunda vez consecutiva, el FMI advierte que el crecimiento de la economía argentina debe expandirse a todos los sectores. Ya lo había señalado Kristalina Georgieva durante su visita a Buenos Aires.
En esta ocasión, la frase salió de la boca de la vocera del organismo, Julie Kozack, durante una conferencia de prensa en Washington. Cinco preguntas sobre Argentina pretendían indagar la posición del FMI ante los últimos malos resultados económicos: suba de la pobreza, caída de la actividad, aumento de la desocupación, pérdida del poder adquisitivo de los salarios y desinflación estancada.
Kozack eludió la respuesta. En definitiva, también son resultados que auspició el organismo con su programa implementado por el gobierno de Javier Milei al 110%.
La portavoz usó la misma táctica oficial: recordó la situación previa a diciembre de 2023 y aseguró que, comparando con ese momento, la situación mejoró.
Pero las preguntas no necesitaban como respuesta un paralelismo, sino que pretendían una conclusión.
Tal vez la única señal la esté dando la tercera revisión del acuerdo.
Kozack dijo que la misión que trabajó en Buenos Aires durante 10 días ya volvió a Estados Unidos y que las «conversaciones siguen».
La segunda auditoría de principios de este año demoró mucho más tiempo del previsto y trajo ajustes en las metas. En esta ocasión, se perfila una situación similar. Con un agregado: Argentina incumplió la meta sagrada de superávit fiscal al cierre del segundo semestre.
El desvío es menor y atendible, pero, dado que es la meta más relevante, puede traer ruido. El lado bueno es que se sobrecumplió la meta de reservas.
La disidencia se concentra en el mercado cambiario. Al organismo no le gusta lo que está haciendo el Gobierno. No ve con buenos ojos que el dólar barato sea una de las «anclas» de la economía.
Como no puede avanzar en objeciones por temas políticos —el apoyo de Donald Trump— y resultados económicos —favorables a sus históricos postulados—, usará la demora en la aprobación del acuerdo como herramienta de presión.
Para que no quede expuesto su real interés, ahora saca a relucir su preocupación «por el bienestar del pueblo argentino». Difícil de creer.
¿Qué es lo que realmente quiere? Que el Gobierno compre más dólares en el mercado oficial, a riesgo de una suba del tipo de cambio y de la inflación.
No parece una casualidad la disparada del riesgo país justo cuando la misión trabajaba en Buenos Aires. El organismo habría vuelto a decir que no dará ayuda financiera adicional y que Argentina busque fondos por sí sola para terminar de pagar sus vencimientos.
El Gobierno se niega a esta solución debido al riesgo que significa que se le dispare el dólar. El ministro de Economía, Luis Caputo, sigue buscando financiamiento por el mundo para no ceder a la pretensión del FMI.
Lo que diga el próximo staff report posiblemente exponga con mayor claridad las diferencias y busque trasladar la responsabilidad de un eventual traspié del programa a las decisiones del Gobierno argentino.
