Desde la sublevación realista hasta la apertura de las puertas de Lima a San Martín

Un recorrido por las tensiones militares, las negociaciones fallidas en Punchauca y la deserción que cambió el rumbo de la independencia peruana.

Por Fernando Del Corro

El 29 de enero de 1921, hacen hoy 205 años, una sublevación de altos oficiales realistas contra el virrey Joaquín de la Pezuela, quién renunciara a su cargo, abrió las puertas de Lima al general José Francisco de San Martín cuando meses más arde el resto de la oficialidad realista se alzó contra el general José de la Serna el sucesor de Pezuela como virrey del Perú designado desde Madrid por la corona española.

De la Serna propuso a San Martín negociaciones diplomáticas, las cuales fracasaron, debido a que la propuesta definitiva del general San Martín, era la independencia del Perú. El sitio de Lima se prolongó por varios meses; hasta que en el mes de marzo, arribó al Perú el capitán Manuel Abreu, enviado por el rey de España, como emisario pacificador, sin ninguna consecuencia favorable para los independentistas.

Entonces, San Martín decidió iniciar una nueva estrategia, enviando dos ejércitos, uno al mando del general Guillermo Miller, para desembarcar en las costas del sur, y otra al mando del general Arenales, un general español devenido en independentista, hacia la sierra. San Martín dejó Huacho; y desembarcó en Ancón, estrechando el cerco a Lima. Simultáneamente inició nuevas negociaciones de paz, que se realizaron a fines de abril, en la hacienda de Punchauca, cerca de Lima; los delegados de San Martín fueron Tomás Guido, Juan García del Río y José Ignacio de la Roza; por parte del virrey La Serna, fueron Abreu, Manuel de Llano y Mariano Galdiano.

Las negociaciones fracasaron nuevamente. Pocos días después se pasó a sus filas, uno de los más destacados regimientos de las fuerzas del virrey: el regimiento realista Numancia, compuesto de venezolanos y neogranadinos, que había sido formado en Venezuela, en 1813; y enviado al Perú tres años más tarde por Pablo Morillo. Esta deserción en masa, desmoralizó al resto de las fuerzas realistas, obligando a De La Serna, a abandonar la ciudad el 5 de julio, internándose en la sierra. Esto, le abrió las puertas de Lima a San Martín.

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