Armani, otra vez salva a Gallardo del papelón

Por Luciano Datsira.

En otra noche vibrante y a pura pasión en la provincia de Mendoza, River Plate logró clasificar a los cuartos de final de la Copa Argentina, pero lo hizo como suele ocurrir últimamente: al filo del desastre. La figura excluyente volvió a ser Franco Armani, quien una vez más se puso el equipo al hombro y salvó a Marcelo Gallardo de un papelón que parecía inminente.

La sensación es inquietante: el Muñeco puede dirigir, organizar y poner nombres en la cancha, pero la seguridad del resultado sigue dependiendo de un solo hombre bajo los tres palos. Y no es un caso aislado. Apenas una semana atrás, el Millonario avanzó en los octavos de la Libertadores 2025 ante Libertad de Paraguay, también por penales, y otra vez Armani se transformó en el héroe inesperado.

Mientras el equipo titubea, falla en la circulación y muestra ideas confusas, la moneda de los penales sigue cayendo a favor del Millonario, como si el azar quisiera compensar los desequilibrios de un River cada vez más errático.

Desde que Gallardo regresó al club a mediados del año pasado, los problemas de fondo se hicieron evidentes. Los fichajes millonarios llegan a raudales, a veces innecesarios o en posiciones donde ya hay superpoblación, y el resultado es un plantel desbalanceado. Entre tanta abundancia de nombres y poca coordinación, el equipo parece un rompecabezas armado a medias: piezas que no encajan, talento desperdiciado y una identidad futbolística cada vez más difusa.

El patrón se repite partido tras partido: defensa vulnerable, mediocampo lento y ataque previsible. Y cuando todo parece perdido, ahí aparece Armani, tapando lo que la táctica y los jugadores no pueden sostener.

Los resultados, en este contexto, se tornan ambiguos. Sí, River avanza y sigue vivo en todas las competiciones, pero cuando la victoria se reduce a milagros individuales o penales afortunados, el triunfo pierde parte de su brillo. La semana pasada en la Libertadores, la sensación fue la misma: avanzar sí, convencer nunca.

A eso se suma la evidente falta de equilibrio en el plantel. Algunos puestos están saturados, otros desguarnecidos. Los refuerzos millonarios no cumplen lo esperado, y los jóvenes talentos que podrían dar frescura y soluciones quedan marginados. Gallardo, que supo ser maestro en la gestión de planteles, hoy parece repetir errores que marcaron su salida anterior, con la diferencia de que ahora el margen de error lo sostiene la buena estrella de su arquero.

Al final, lo de anoche es un recordatorio contundente: Armani salva a Gallardo, y River sigue avanzando más por gracia que por méritos propios.

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