Cae el ingreso disponible por mayores gastos fijos y presión tributaria y las empresas no darían aumentos por encima de la inflación.
Por Roberto Pico
El escenario económico para el segundo semestre en lo que respecta al bolsillo de la población no es el más auspicioso, a juzgar por las previsiones de diferentes estudios privados.
Por un lado, las expectativas de mejoras salariales reales (por encima de la inflación) son limitadas y no se prevé un alza de lo que se entiende como salario disponible, es decir, aquel que le queda a cada familia luego del pago de servicios y obligaciones impostergables.
Picante cruce entre el oficialismo y la oposición por la economía: ajuste, pobreza y salarios
Según el informe Tendencias de Incrementos Salariales en Argentina (TISA) de la consultora Mercer, las organizaciones proyectan una mediana de incrementos salariales del 27% para todo 2026. Esta cifra representa un leve ajuste al alza respecto de la medición anterior, que era del 26%, pero sigue siendo insuficiente frente a las proyecciones de precios.
Las expectativas inflacionarias para el mismo período rondan el 30%, incluso en los escenarios más optimistas. Las empresas buscan de esta manera ajustar costos por debajo del costo de vida.
Este diferencial de al menos tres puntos porcentuales indica que, en términos generales, los salarios no lograrán superar el avance de los precios.
Inés García Toscano, gerente de Career y Rewards de Mercer Argentina, señaló que «los resultados reflejan que las organizaciones continúan revisando y ajustando sus presupuestos salariales, ya que de momento la expectativa de inflación anual se mantiene por encima del incremento total previsto».
El informe, que contó con la participación de 500 compañías de diversas industrias, muestra una segmentación según el origen del capital.
Las organizaciones con casa matriz local estiman incrementos del 29%, situándose más cerca de la inflación proyectada. En contraste, las subsidiarias de empresas multinacionales prevén aumentos del 26%, lo que amplía la brecha con el costo de vida.
El impacto de la carga tributaria
Al estrés provocado por la inflación se suma la incidencia del Estado sobre el ingreso bruto del trabajador. Un estudio de IARAF analizó la carga tributaria integral, que incluye tanto tributos directos (sobre ingresos y patrimonio) como indirectos (aplicados al consumo).
Golpe al bolsillo: uno por uno, todos los aumentos que se vienen en julio
Los resultados indican que la carga fiscal total para un asalariado se ubica entre el 47,2% y el 49,9% de su ingreso total.
Esta presión impositiva se traduce en el concepto de «Día de Independencia Tributaria», que es la fecha del año hasta la cual un ciudadano debe trabajar exclusivamente para cumplir con sus obligaciones fiscales.
Para el año en curso, este hito se sitúa entre el 21 de junio y el 1 de julio, lo que significa que un trabajador promedio dedica entre 172 y 182 días del año a pagar impuestos.
El análisis de IARAF revela, además, una característica de regresividad en el sistema. Los trabajadores con menores ingresos (identificados como «caso 1») enfrentan una carga tributaria proporcionalmente mayor que aquellos con salarios más altos.
Por ejemplo, un perfil con un ingreso que es más de tres veces superior al mínimo paga una carga tributaria solo 0,7 puntos porcentuales más elevada.
Según las fuentes, esta regresividad se explica por dos factores principales:
- Aportes personales: el trabajador de menores ingresos tiene una carga de aportes del 13,7% sobre su ingreso total, mientras que en el perfil de ingresos más altos esta proporción cae al 6,3%.
- Tributos indirectos: el impacto de los impuestos al consumo es proporcionalmente más gravoso para quienes destinan la mayor parte de su ingreso al sustento diario.
Estrategias salariales
Para gestionar esta coyuntura, las compañías han adoptado esquemas de ajuste más frecuentes. El 32% de las empresas locales y el 35% de las multinacionales mantienen una modalidad de tres incrementos salariales al año. El calendario de aumentos se concentra principalmente en abril (56%) y octubre (43%).
A pesar de la inflación, el reconocimiento por desempeño ha perdido terreno. Las empresas destinan una mediana del 4% de su masa salarial a incrementos por mérito, un punto porcentual menos que en la edición previa del informe TISA.
La Hora Fiscal: el segundo semestre pone a prueba el rumbo económico
La realidad de los datos indica que, entre la inflación esperada y la presión impositiva que absorbe casi la mitad de los ingresos, el salario disponible de los trabajadores formales se mantiene bajo una presión constante, sin señales claras de recuperación real en el corto plazo, lo cual condiciona el plan económico que necesita una reactivación interna para mejorar el humor social.
El Gobierno apuesta a que la baja de la inflación mejorará los salarios reales, pero hasta el momento no hay señales de que eso sea factible.
El dato de abril fue auspicioso y, por ello, los resultados de mayo y junio serán determinantes para confirmar si realmente hubo un cambio de tendencia.
