La Hora Fiscal: el segundo semestre pone a prueba el rumbo económico

Wall Street atraviesa uno de los mejores momentos de su historia de la mano del negocio tecnológico aunque se observa que la economía real recibió el efecto derrame.


El primer semestre cierra entre dudas más que certezas y con rendimientos que ponen en relieve un gran juego de especulación y cobertura, producto de la enorme inestabilidad geopolítica y económica a nivel global.

Los movimientos del sector tecnológico fueron sin dudas el motor de la locomotora económica mundial, los Estados Unidos que, aún con todos los frentes que tiene a nivel geopolítico sigue atrayendo grandes toneladas de capital.

Wall Street atraviesa uno de los mejores momentos de su historia de la mano del negocio tecnológico aunque se observa que la economía real recibió el efecto derrame de esa gran masa de capital que mueve las finanzas.

El Dow Jones ha subido más del 8% en la primera mitad del año, lo que lo encamina a su mejor desempeño en ese lapso desde 2021, cuando subió un 12,7%. El S&P 500 también ha subido más del 8% en el primer semestre, mientras que el Nasdaq ha tenido un desempeño superior con un avance de más del 11%.

Pero aquí viene lo más curioso, el índice Russell 2000 que mide el rendimiento bursátil de las 2.000 empresas de menor capitalización, en su mayoría PYME, y que funciona como un termómetro de la economía doméstica, ha ganado casi el 21% en esta primera mitad del 2026.

Volatilidad y resultados empresariales

Si bien la volatilidad jalonó este primer semestre, debido a la volatilidad en el precio de la energía por el conflicto de Oriente Medio y a las dudas en el sector de la IA por los enormes gastos de capital, las ganancias de las empresas siguieron siendo la brújula que guió a los inversores.

Al fin de cuentas, lo importante sigue siendo el resultado de los balances.

Mientras los inversores encuentren un ambiente favorable a los negocios, la rentabilidad estará asegurada, a menos que la geopolítica obligue a aumentar las tasas de interés para luchar contra la inflación. Menos impuestos y más ambiente de negocios vuelve a ser el mantra del capitalismo en el mundo.

¿Y por casa cómo andamos?

El debate también está abierto a nivel local. Con el frente financiero casi asegurado en cuanto al repago de la deuda, el mercado local aguarda señales de la Casa Rosada para empezar a mover fichas.

La segunda mitad del año tiene que mostrar una agenda que apunte a recrear esas mismas condiciones de menores impuestos y mejor ambiente de negocios a nivel local, para lo cual el rol de las provincias y municipios es crucial.

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Si bien es cierto que la administración Milei aún tiene una asignatura pendiente -levantar definitivamente el cepo cambiario y reprogramar los vencimientos de la monumental deuda interna que dejaron Guzmán y Massa-, ahora la tarea debe trasladarse hacia el interior del país.

El peso de los impuestos provinciales y municipales

«Sólo la Nación eliminó o disminuyó impuestos. Provincias y municipios no registraron ningún cambio en su legislación tributaria. A ellos les corresponden 110 de los 150 tributos vigentes, el 73% del universo tributario, y ninguno fue modificado. Peor aún, a contramano de Nación, incrementaron la cantidad de tributos», señala un informe elaborado por la Fundación Libertad y Progreso (FLyP).

El dato pone en perspectiva la asimetría del proceso desregulador. La Nación no solo eliminó impuestos internos, sino que además suprimió el Impuesto PAIS y avanzó en la reducción de derechos de exportación y aranceles de importación, siendo medidas que alivian costos sobre exportaciones, importaciones, inversión y consumo.

Para Iván Cachanosky, economista jefe de la FLyP: “La Nación está haciendo un esfuerzo grande para poder disminuir la cantidad de impuestos, sería bueno que las provincias y los municipios acompañen ese esfuerzo”.

Ingresos Brutos, en el centro del debate

El informe da cuenta que «dentro de ese universo de tributos provinciales, Ingresos Brutos merece una mención especial por ser uno de los impuestos más distorsivos del sistema argentino. A diferencia del IVA, que solo grava el valor agregado en cada etapa, Ingresos Brutos se aplica en cascada: cobra impuesto sobre impuesto en cada eslabón de la cadena productiva, sin posibilidad de descontar lo ya pagado en etapas anteriores. El resultado es que las cadenas de producción más largas e integradas terminan pagando proporcionalmente más impuesto, no porque generen más valor, sino simplemente porque tienen más eslabones.»

Sólo seis impuestos explican el 85% de la recaudación

A pesar de existir 150 tributos, sólo 6 de ellos explican el 85% de la recaudación: IVA, Aportes y contribuciones a la Seguridad Social, Impuesto al crédito y débito bancario, Impuesto a las ganancias, Impuesto provincial a los Ingresos Brutos y la Tasa por inspección de seguridad e higiene municipal (TISH).

Más aún, sumando los siguientes tres impuestos de importancia, se alcanza la cifra del 94% de la recaudación. Donde de estos 10 tributos, 7 son nacionales, uno provincial y dos municipales.

El desafío: recaudar mejor

Para Agustín Etchebarne, Director General de la FLyP: «La pregunta de fondo no es cuántos tributos se eliminan sino si el sistema puede recaudar sobre una economía más grande y más formal. La Argentina no necesita 150 tributos. Necesita un sistema que recaude sobre una economía más grande, más formal y más libre. El objetivo no es recaudar menos por capricho; es recaudar mejor, con menos daño y con más crecimiento».

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