Los movimientos telúricos fueron detectados incluso a más de 5.000 kilómetros de distancia.
El doblete sísmico ocurrido en Venezuela el 24 de junio activó una respuesta científica internacional basada en sistemas de monitoreo satelital y tecnológico. Los movimientos telúricos fueron detectados incluso a más de 5.000 kilómetros de distancia, lo que permitió recopilar información clave sobre la magnitud del fenómeno y sus efectos en la superficie terrestre.
Organismos como la NASA y la Unión Europea activaron sus sistemas de observación para analizar el impacto del evento y colaborar en la evaluación de daños en las zonas afectadas.
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Desplazamientos de la superficie terrestre
Las primeras imágenes satelitales mostraron cambios significativos en la corteza terrestre tras los sismos. El satélite de Radar de Apertura Sintética (NISAR), desarrollado por la NASA e ISRO, registró el desplazamiento del terreno mediante tecnología InSAR.
Los mapas generados a partir de imágenes previas y posteriores al evento evidencian zonas con desplazamientos en direcciones opuestas. Los registros indican movimientos horizontales predominantes, aunque también se detectaron desplazamientos verticales de menor magnitud.
Según los primeros análisis, en algunas áreas el terreno se habría desplazado hasta 40 centímetros, lo que permitió identificar con mayor precisión las regiones más afectadas.
Daños en infraestructura y evaluación inicial
Las estimaciones preliminares de la NASA señalan que cerca de 58.870 edificios habrían resultado dañados o destruidos en la zona de mayor impacto, cercana a San Felipe y Yumare.
El análisis satelital permitió además diferenciar niveles de daño en estructuras urbanas, utilizando sistemas automáticos de detección desarrollados por el Servicio Geológico de Estados Unidos para reducir márgenes de error en la evaluación.
Monitoreo internacional y apoyo en la emergencia
Las agencias internacionales activaron distintos sistemas de observación para asistir en la respuesta. El programa Copernicus de la Unión Europea utilizó satélites Sentinel para generar mapas en tiempo real, con el objetivo de identificar rutas de acceso y zonas seguras para las operaciones de rescate.
A su vez, la Fuerza Aérea de Estados Unidos aportó imágenes satelitales para la planificación de la asistencia humanitaria, mientras que sistemas de conectividad satelital también fueron desplegados para restablecer comunicaciones en áreas afectadas.
Impacto económico estimado
De acuerdo con evaluaciones preliminares de Naciones Unidas, los daños económicos directos se estiman en aproximadamente 6.700 millones de dólares, lo que representa cerca del 6% del PBI de Venezuela.
El informe también advierte que las pérdidas totales podrían ubicarse en un rango de entre 4.700 y 8.700 millones de dólares, sin contemplar los costos de reconstrucción a largo plazo.
Registro del fenómeno en Argentina
El observatorio AGGO (CONICET-BKG) en Berazategui registró la llegada de las ondas sísmicas provenientes de Venezuela. Según los especialistas, la energía liberada tardó aproximadamente ocho minutos y medio en alcanzar el territorio argentino.
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Estos registros permiten estudiar la propagación de las ondas sísmicas a través del interior terrestre y contribuyen al análisis científico de eventos de gran magnitud.
Un país en zona de alta actividad sísmica
Venezuela se encuentra ubicada sobre el límite entre la Placa del Caribe y la Placa Sudamericana, una región caracterizada por la interacción constante de placas tectónicas.
Este contexto geológico explica la recurrencia de eventos sísmicos en el país, especialmente en zonas atravesadas por fallas activas como Boconó, San Sebastián y El Pilar, donde la actividad estructural es permanente.
