Primeras señales de una reactivación: los factores que anticipan un escenario de mayor crecimiento

El consumo empieza a recuperarse y la inflación pierde fuerza, aunque persisten obstáculos que condicionan la evolución de la actividad: cuáles son.


Por Miguel Ángel Rouco

El consumo no sólo comenzó a detener su caída sino que además está empezando a mostrar signos de una recuperación que, aunque muy tenue, abriga señales de una tendencia ascendente.

Estas señales se producen en momentos en que la inflación, en sentido contrario, empieza a tomar una pendiente descendente, pivoteando el 1,5% en agosto, de acuerdo con estimaciones privadas.

Es cierto que no es una situación holgada y estos guarismos son aún altos en función de los parámetros internacionales, aunque si se los compara con la obra macabra del gobierno de Los Fernández, la tarea de la administración Milei ha sido ciclópea.

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También es cierto que aún quedan tareas pendientes por ejecutar, como la eliminación de las restricciones cambiarias que persisten, a pesar de que existe un abultado superávit comercial que asegura un importante suministro de divisas, tal como lo sugiere el exministro de Economía, Domingo Cavallo.

Sin embargo, la cantidad de divisas disponible no parece aún demasiado suficiente como para asegurar el repago de la deuda pública externa e interna, en especial si se tiene en cuenta que el programa financiero del Gobierno aún depende de los aportes de los organismos financieros internacionales y de los inversores locales que apuesten por renovar las obligaciones del Tesoro en moneda local.

Con todo, el programa financiero de 2026 prevé que habrá un superávit de unos 3.700 millones de dólares que se utilizarían en 2027 para asegurar el repago de las obligaciones del Tesoro, aun cuando los organismos financieros internacionales aporten unos 6.000 millones de dólares y sin tener en cuenta que, al menos en los planes, la Argentina no realice ninguna colocación.

El 2027 tiene una particularidad adicional. La finalización de las obras del gasoducto que une Vaca Muerta, Neuquén, con la terminal portuaria de Punta Colorada, Río Negro, dejaría un colchón de divisas adicionales de unos 20.000 millones de dólares en exportaciones.

Todo este panorama se completa con la suerte que correrá la Reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, que ya cuenta con la media sanción de la Cámara de Diputados.

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En caso de ser aprobado, el Proyecto de Ley contribuiría a dotar de mayor previsibilidad a la política monetaria, al eliminar potenciales fuentes de expansión monetaria asociadas al financiamiento al Tesoro Nacional. La iniciativa, ahora en el Senado, prohíbe la financiación al Tesoro Nacional instrumentada a través de Adelantos Transitorios, así como restringe la distribución de utilidades bajo ciertas condiciones.

De esta manera, se reforzaría el control de los agregados monetarios al impedir potenciales expansiones monetarias no respaldadas por una mayor demanda de dinero. Adicionalmente, se propone como medida transitoria llevar adelante la cancelación de los saldos de Adelantos Transitorios y Letras Intransferibles con los resultados contables no distribuibles. Esto terminaría de limpiar el activo del BCRA de activos sin valor realizable, fortaleciendo su capacidad de preservar el valor de la moneda.

Las estimaciones de algunos analistas pronostican que este año las exportaciones superarían los 100.000 millones de dólares, un monto más que suficiente para calmar cualquier expectativa devaluatoria.

Aún con todo, ¿por qué persiste la sensación de que la economía está estancada?

Porque hay sectores que reaccionan con dispar velocidad luego de un prolongado lapso de altísima inflación y, dado que aún no han adaptado su estructura de costos a un escenario de estabilidad, quedan descolocados y fuera de las nuevas condiciones del mercado.

En conclusión, todo proceso de estabilización que orienta la economía hacia una senda sostenible de crecimiento y empleo presenta heterogeneidades sectoriales y es susceptible a shocks transitorios.

El BCRA detalló en su último Informe de Política Monetaria (IPOM) que «el proceso de estabilización no plantea una dicotomía entre una macroeconomía ordenada y favorable con una microeconomía negativa. Un contraste de esa característica solo puede representar una selección sesgada de variables que no internalizan la evolución macroeconómica junto a la microeconomía sectorial en su totalidad. La política macroeconómica ha generado un proceso de crecimiento sostenible y reducción de la inflación dando un marco favorable para la toma de decisiones a nivel microeconómico por parte de empresas y familias. En un marco de reformas que dota la economía de mayor previsibilidad y flexibilidad, estas decisiones incidirán en la velocidad de convergencia al crecimiento y empleo potencial».

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