El grupo arribó a Ezeiza en la madrugada del jueves, tras ser expulsado por las autoridades migratorias norteamericanas.
Un grupo de diez argentinos deportados por el gobierno de Donald Trump arribó este jueves a la madrugada al aeropuerto internacional de Ezeiza, en un vuelo especial contratado por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos. “No somos criminales”, expresaron algunos de ellos al reencontrarse con sus familias entre abrazos, lágrimas y gestos de alivio.
La aeronave, un Boeing 767-300 de la empresa Omni Air International, hizo escala en Bogotá y Belo Horizonte antes de aterrizar en Buenos Aires a las 3:19. Según las autoridades estadounidenses, estos vuelos tienen como objetivo repatriar a personas que violaron las leyes migratorias, aunque varios de los deportados aseguran haber residido legalmente en el país norteamericano.
Entre los primeros en hablar estuvo Maximiliano García, de 49 años, quien relató haber sido detenido el 21 de agosto en una oficina de inmigración en Orlando, mientras realizaba un trámite familiar. “Me dijeron ‘pase por el costadito para unas preguntas adicionales’ y ahí me llevaron”, explicó. García vivía en Estados Unidos desde 2001, con permiso de trabajo vigente, y nunca había sido notificado de la supuesta orden de deportación emitida en 2015.
“Es extraño estar detenido en una situación tan inusual. Esta gestión de Trump es una página negra dentro de la historia gloriosa de Estados Unidos”, afirmó. “A los ojos de ellos, nosotros somos criminales”, agregó, visiblemente afectado. García denunció un trato discriminatorio y racista, incluso hacia personas con residencia legal: “Es notable el odio en esta paupérrima gestión”.
El argentino, que trabajó durante años en la industria gastronómica y se preparaba para convertirse en conductor de camiones, admitió que ahora deberá “recalcular” su vida en el país que dejó hace más de dos décadas. “No sé cómo ser adulto en Argentina porque me fui a los 22 o 23 años”, confesó.
Otro de los deportados, Mario Robles, de 25 años, también se dirigió a la prensa. Con acento mexicano, relató que fue detenido al llegar a San Antonio, Texas, y que no podrá regresar a Estados Unidos durante cinco años. “No somos criminales, no matamos ni violamos. Ahora lo que quiero es estar con mi familia”, dijo.
Los testimonios contrastan con la versión oficial del Departamento de Seguridad Nacional, que sostiene que los vuelos de deportación se aplican a personas que ingresaron ilegalmente, fueron condenadas por delitos o representan una amenaza para la seguridad nacional.
