Luces y sombras: el nuevo orden económico que impulsa Trump y el impacto que tendrá en el mundo

La Argentina puede encontrar un nuevo lugar protagónico a nivel global y dejar atrás años de frustraciones.


Por Miguel Ángel Rouco

A pesar de los cambios geopolíticos, la economía mundial presenta un horizonte en el cual la Argentina puede encontrar un nuevo lugar protagónico y empezar a dejar atrás años de frustraciones, aunque todo dependerá de las decisiones que tome la dirigencia política local.

Los cambios que introduce Trump en la dinámica comercial implican preparar el terreno para un nuevo orden económico que promete fuertes aceleraciones y un nuevo desarrollo económico.

Para eso, y en pos de ese objetivo, los países deberán definir nuevas estructuras productivas y realizar profundos cambios en sus economías.

Existe un marco de condiciones inédito como no había ocurrido desde principios de siglo.

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Las estimaciones de crecimiento económico del Fondo Monetario Internacional (FMI) auguran una fuerte demanda de productos por parte de nuevos protagonistas de la economía mundial.

El organismo pronosticó que los países más densamente poblados mostrarán tasas de crecimiento económico como hacía tiempo no se veía, lo cual representa no solo un desarrollo económico sostenido, sino también un incremento del comercio internacional.

El FMI anticipó que varios países crecerían con fuerza este año. El PBI de India aumentaría 6,4%, Filipinas 5,6%, Indonesia 5,1%, Egipto 4,7%, Arabia Saudita y China 4,5% respectivamente, Nigeria y Kazakhistán 4,4%, Malasia 4,3% y Turquía 4,2%.

La Argentina subiría 4%, siendo la economía de mayor crecimiento de la región.

La presión de la población mundial, que exige mejores condiciones de vida, coloca a los dirigentes políticos en una encrucijada que desafía la estructura de poder vigente.

El FMI identifica como principal motor de crecimiento la expansión de la inversión en tecnología. Este fenómeno, especialmente dinámico en Estados Unidos y Asia, compensa las fricciones comerciales y la incertidumbre política. El documento afirma que la flexibilidad del sector privado fue determinante para sostener el nivel global de actividad.

Además, señala que si bien desde octubre de 2025 las tensiones comerciales disminuyeron, persisten episodios de conflicto, como el reciente desacuerdo entre Estados Unidos y China por exportaciones de semiconductores y minerales estratégicos, superado de manera temporal con una tregua que redujo aranceles bilaterales y suspendió nuevas restricciones hasta noviembre de este año.

El fin de los clanes y del “wokismo” marca otro punto de inflexión. En este contexto, la llegada de Trump cambió la agenda y obliga a una apertura del comercio internacional solo vista desde la “Reaganomics” a comienzos de los años 80, cuando quedó el terreno abierto para la primera revolución tecnológica con la llegada de internet.

Ahora, la irrupción de la Inteligencia Artificial derriba el orden surgido a comienzos de este milenio.

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La población mundial exige mejores condiciones de vida y la desaparición de los autoritarismos adquiere una velocidad pocas veces vista desde el fin del colonialismo. No importa la bandera ni si se trata de ideologías o religiones: es el final de los clanes autoritarios.

El fin de la guerra en Gaza abrió las puertas a las revueltas en Siria e Irán, países que viven sumidos bajo las locuras de clanes religiosos que llevaron al caos económico y a la reacción popular.

El agotamiento de los modelos autoritarios deja al descubierto las miserias a las que fueron sometidas sus poblaciones.

El inminente fin del conflicto en el este europeo expone la fragmentación de las economías de Rusia y Ucrania, agotadas por una guerra que se les fue de las manos a sus líderes autócratas.

Al mismo tiempo, el movimiento “wokista”, que vivió a expensas del orden de comienzos de siglo y de las penurias de millones de personas, comienza a desmoronar su estructura endeble, incapaz de soportar la presión popular.

El mundo viró y exige ahora mejores condiciones de vida. Solo el desarrollo armónico y las oportunidades para todos pueden garantizar un nuevo orden internacional, de la mano de una mejora en el comercio y el desarrollo.

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En este marco, la Argentina puede convertirse en un jugador esencial frente a las nuevas necesidades de un mundo ávido de alimentos y energía, claves para mejorar las condiciones de vida.

Si la dirigencia política argentina entiende estas nuevas condiciones mundiales y genera el marco institucional adecuado, el país logrará salir rápido y dejar atrás casi un siglo de frustraciones. Las nuevas generaciones así lo exigen y, a diferencia de otros tiempos, los jóvenes tienen menos paciencia. Es una señal de alerta: la era del fin de las ideologías.

Si querés, en el próximo paso puedo ajustar las negritas al criterio exacto de un medio puntual o reducir el texto sin perder peso editorial.

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