La centenaria muerte del arquitecto Oscar Niemeyer

Creador de Brasilia y referente mundial del modernismo, cuya obra y militancia comunista marcaron el siglo XX.


Por Fernando Del Corro

Naturalmente no era comunista sino un interlocutor de los viejos dioses, aquellos que hablaban con los hombres. Allá por el 360, aproximadamente, el joven príncipe Flavio Claudio Juliano, luego emperador romano entre el 361 y el 363, visitó Eleusis, la sede del Telestereum, el templo más importante de la Antigua Grecia. Allí tuvo largos diálogos con el último descendiente de la familia Eumólpida, de la que surgía cada Hierofante, el interlocutor de la diosa Deméter.

Juliano (al que la historiografía cristiana calificó como “el Apóstata”, cosa falsa porque jamás había sido cristiano y por lo tanto no hizo apostasía alguna) mantuvo largas charlas con el Hierofante, según los relatos de aquella época. Era un joven idealista de unos veintitantos años que quería reconstituir el mundo antiguo que se derrumbaba y buscaba el apoyo del principal sacerdote griego, pero se llevó un chasco. El Eumólpida le dijo que nada había que hacer y que los viejos templos iban a ser arrasados lo mismo que toda la vieja cultura.

Las versiones indican que el asombrado Juliano le preguntó extrañado qué hacía él, entonces, continuando su tarea de Hierofante. La respuesta puede resumirse así: “Mi deber es seguir hasta el final”. El Hierofante murió en cumplimiento de su misión; lo sucedió un pseudo-Hierofante que no era de la familia Eumólpida y poco tiempo después el viejo mundo tuvo, efectivamente, su final, acelerado con la muerte del propio Juliano en 363, en una batalla en Persia, probablemente asesinado por la espalda por un soldado romano cristiano.

Tiempo atrás, en sus últimos años de vida, Fidel Alejandro Castro, que seguramente debía conocer la historia de Juliano, dijo algo parecido a lo que respondiera el Hierofante al emperador. Pero no citó al interlocutor de la diosa de la agricultura, sino al viejo arquitecto brasilero Oscar Niemeyer, uno de los centenarios por entonces vivientes sobre este planeta. “Pienso como Niemeyer que hay que ser consecuente hasta el final”, señaló el jefe de la Revolución Cubana al anunciar que no seguiría al frente del estado insular, aunque sí continuaría trabajando por sus ideales durante los tiempos de vida que le restaban.

Niemeyer, nacido el 15 de diciembre de 1907 y fallecido el 5 de diciembre de 2012, seguramente junto al suizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris, más conocido como Le Corbusier, fueron los dos más grandes arquitectos del Siglo XX. Padre de la ciudad de Brasilia, creada a iniciativa del ex presidente Juscelino Kubitschek, fue toda su vida hasta su último instante un militante del Partido Comunista del Brasil. Perseguido por la dictadura del mariscal Humberto de Alencar Castelo Branco, se exilió en París, pero siguió consecuente con sus ideas, aún después del derrumbe del socialismo real en la década de 1980, coronada en 1991 con la caída de la ex Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas.

A diferencia de la consecuencia del Hierofante, que era una obligación moral sin expectativas, la de Niemeyer fue la del que aún, a pesar de todo, siguió teniéndolas. Fidel, un supérstite de aquel socialismo real, también siguió creyendo en la victoria de sus ideas. Por eso, seguramente, eligió citar al notable hijo de Río de Janeiro y no al antiguo sacerdote griego, aunque en el fondo ambos coinciden en el valor final de la consecuencia en los principios. Precisamente hasta la consecuencia final.

 

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