Un estudio analizó si el envejecimiento biológico, es decir, el estado real del organismo, avanza más rápido en personas nacidas en décadas recientes.
El riesgo de desarrollar cáncer suele aumentar con la edad, pero en los últimos años se registra un incremento sostenido de diagnósticos en personas menores de 55 años. Este fenómeno pone en cuestión la idea de que la enfermedad afecta principalmente a adultos mayores y abre interrogantes sobre los factores que inciden en las generaciones más jóvenes.
En ese contexto, un estudio de la Washington University School of Medicine en St. Louis, publicado en la revista Nature Medicine, analizó si el envejecimiento biológico —es decir, el estado real del organismo medido a través de distintos indicadores— avanza más rápido en personas nacidas en décadas recientes.
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La investigación se basó en datos de más de 154.000 adultos jóvenes del Reino Unido y más de 10.000 de Estados Unidos. Los resultados muestran que quienes nacieron entre 1965 y 1974 presentan un envejecimiento biológico más acelerado que aquellos nacidos entre 1950 y 1954. En Estados Unidos, la diferencia es aún mayor: las personas nacidas entre 1990 y 1999 registran un envejecimiento biológico hasta un 92% superior en comparación con generaciones anteriores.
Según los investigadores, esta aceleración se asocia con un mayor riesgo de cáncer en edades tempranas. En particular, quienes presentan una mayor diferencia entre su edad biológica y su edad cronológica tienen un 15% más de probabilidades de desarrollar cánceres sólidos antes de los 55 años, incluso al considerar factores genéticos y hereditarios.
Los cánceres sólidos son aquellos que se manifiestan como tumores en órganos como los pulmones, el intestino o el útero, a diferencia de los cánceres hematológicos, como las leucemias. El estudio también identificó relaciones específicas: el envejecimiento acelerado del sistema inmunológico se vincula con un mayor riesgo de cáncer de pulmón, mientras que el del tejido graso se asocia con el cáncer colorrectal.
Para medir la edad biológica, el equipo utilizó distintas herramientas. Entre ellas, el índice PhenoAge, basado en nueve biomarcadores sanguíneos, y el método Klemera-Doubal, que combina variables clínicas como la presión arterial y la función pulmonar. Además, incorporaron análisis de proteínas y marcadores metabólicos para evaluar el envejecimiento de órganos específicos.
Los resultados fueron ajustados para evitar distorsiones por factores como el nivel socioeconómico, los hábitos de vida o enfermedades previas, lo que refuerza la consistencia de las conclusiones.
El estudio plantea que la aceleración del envejecimiento biológico podría convertirse en un indicador clave para identificar a personas con mayor riesgo de desarrollar cáncer en etapas tempranas. Esto permitiría avanzar hacia estrategias de prevención y detección más personalizadas, centradas en la biología individual.
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Los investigadores señalaron que el objetivo a futuro es comprender cómo los entornos modernos —incluidos factores ambientales, sociales y de estilo de vida— influyen en estos procesos biológicos. De confirmarse estos hallazgos, podrían redefinir el abordaje del cáncer, incorporando nuevas herramientas para su prevención en poblaciones más jóvenes.
