Aportes para la historia nacional: el Archivo General y un volumen sobre documentos privados

La documentación descripta se extiende desde fines del siglo XVII a la primera mitad del siglo XX.

Por Fernando del Corro – Graciela Swiderski

El Archivo General de la Nación presenta el tercer volumen producido por el Programa de Descripción Normalizada, que se desarrolla dentro del Plan de Modernización Integral del organismo, en curso desde 2009. El Programa, del que participan especialistas del Archivo, persigue el objetivo de brindar una descripción de los Fondos Documentales de acuerdo a las normas internacionales ISAD-G (International Standard Archival Description – General), de forma tal de adecuar la gestión archivística a las buenas prácticas internacionales en la materia, incorporando criterios que garanticen la integridad, la preservación y el acceso a los documentos.

Este Volumen en dos tomos, precedido por un índice donde cada titular de un agrupamiento documental aparece acompañado, en el caso de las personas físicas, por la fecha de nacimiento y muerte, y por la signatura topográfica de las unidades de conservación que abarca, contiene la descripción normalizada de los fondos y colecciones documentales de procedencia privada.

Los fondos personales y los de instituciones privadas constituyen conjuntos documentales que, por su valor, se conservan en forma permanente y han sido generados por un individuo, familia o entidad a lo largo de su existencia, pero también incluyen los documentos compilados y conservados por ellos a modo de colección.

A estas archivalías les hemos sumado aquí, aquellas producidas por comisiones especiales y de homenajes, organismos instituidos ad hoc, por lo general, de carácter semipúblico, como la Comisión Directiva Argentina de la Exposición Universal de París, la Comisión Nacional del Centenario, la Comisión Central de Homenaje al Dr. Adolfo Alsina, la Junta Ejecutiva del Monumento a Rivadavia, la Comisión Nacional del Himno Nacional Argentino, la Comisión Nacional Monumento al General Julio A. Roca y Monumento al General Justo José de Urquiza y la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo. Todos estos fondos y colecciones ingresaron al Archivo en el marco de una política de recuperación patrimonial que comenzó, al menos de manera sistemática, con la creación de una sección especial en 1924, durante la dirección de Augusto Maillé y tras la visita del presidente Marcelo de Alvear.

Estas acciones se intensificaron en ocasión de los actos conmemorativos del Sesquicentenario de la Revolución de Mayo (1960), impulsadas por la Comisión de Recuperación del Patrimonio Histórico Nacional, la cual se propuso, por un lado, capturar donaciones y, por el otro, adquirir piezas en librerías de antigüedades y casas de remate.

Por lo tanto, esta obra no está cerrada, ya que es intención de este repositorio continuar con la incorporación de documentos que, por muy diversas causas, aún continúan en poder de tenedores privados. Especialmente, porque puede afirmarse que un alto porcentaje de estos papeles fue producido en el ámbito estatal, es decir que fue creado, recibido y mantenido por algún órgano gubernamental en cumplimiento de sus funciones. Desde allí, los materiales fueron sustraídos inescrupulosamente en el siglo XIX por coleccionistas particulares, o por los mismos protagonistas de los hechos, cuyos descendientes terminaron depositándolos en manos privadas.

En consecuencia, quedaron en un principio, y algunos todavía lo están, fuera de la consulta pública, porque sólo el Estado puede garantizar el Presentación acceso universal a los documentos; y con una merma de sus potencialidades informativas dada la ruptura, en numerosos casos, de los principios de procedencia y orden originario. Sabemos que es el carácter orgánico del fondo lo que le confiere a sus documentos un valor de prueba que refuerza y explicita el valor informativo.

Separado del fondo al que está unido, el documento pierde su valor de documento de archivo, para conservar sólo un interés documental aislado de su contexto. Como ya se señaló, este libro compila fondos y colecciones. Archivísticamente, se entiende por fondo al conjunto de documentos sin importar su soporte, la fecha de su creación o su forma, recibidos o producidos de forma orgánica por una persona física o jurídica en el ejercicio de sus funciones.

Estas actividades, que pueden ser administrativas, legales, comerciales o fiscales, no son el resultado de una labor de creación literaria, sino que son el reflejo material de las transacciones personales o institucionales de sus productores. Por el contrario, una colección es un conjunto de documentos reunidos artificial y arbitrariamente, que no se identifica con una procedencia determinada.

La documentación descripta, cuya cronología se extiende desde fines del siglo XVII a la primera mitad del siglo XX y forma parte de lo que se conoce vulgarmente en el Archivo General de la Nación con la denominación de Sala VII, incluye ciento diez y nueve (119) fondos y colecciones de personas e instituciones involucradas en los más variados planos de la vida nacional e, incluso, latinoamericana, ya sea en la política, en la diplomacia, en el ejército y la armada, en los negocios, en la literatura, en el quehacer historiográfico, en la educación, en las artes y en las ciencias. Estos documentos resultan complementarios de aquellos transferidos desde el sector público, sobre todo aunque no excluyentemente, para el estudio del período preformativo de la Argentina moderna, que se inicia después de Pavón (1861) y se prolonga hasta casi finales del siglo XIX.

Para esta etapa, conocida como la de la Organización Nacional, la documentación pública que conserva este repositorio es muy escasa. La causa principal es que al promediar la década de 1860, el Archivo fue abandonando gradualmente el paradigma rivadaviano del “buen gobierno” y, con él, su función preponderantemente administrativa, para transformarse cada vez más en el lugar de guarda de los insumos para la escritura de la Historia.

Las tendencias historiográficas imperantes en aquel momento, obsesionadas por mantener las subjetividades bajo control, condujeron a sus seguidores a descartar la investigación sobre el tiempo presente y, por ende, a no asignar entre sus prioridades la patrimonialización de los documentos que ellos y sus contemporáneos estaban produciendo. Al igual que en los libros anteriores, quienes realizamos este trabajo, tenemos una deuda de gratitud con la Guía de fondos documentales del Archivo General de la Nación de Zulema Carracedo Bosch de Prieto, concluida en 1974 y presentada en las II Jornadas de Archiveros de la República Argentina.

Confiamos en que esta obra, sumada al volumen 1, Fondos Documentales del Período Colonial, y al volumen 2, Fondos Documentales del Período Nacional, constituya una herramienta que facilite la consulta y ofrezca un panorama integral del vasto acervo patrimonial conservado en el Departamento Documentos Escritos».

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