La autoridad monetaria trazó un contorno de condiciones muy prudente, en el que la inflación volvió a ocupar el centro de la escena, al menos durante el primer trimestre.
Por Miguel Ángel Rouco
El estallido de la burbuja del oro, la baja del petróleo y el mantenimiento de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal (FED) configuran un escenario a favor de una mayor actividad económica a nivel global, que podría acelerarse si disminuyen las tensiones internacionales.
En efecto, si se alcanza un alto el fuego en el este europeo y el régimen teocrático iraní entra en una fase de desarme y apertura de su arsenal nuclear, la vuelta al mercado del segundo productor de crudo del mundo ofrecería precios de energía más bajos y liberaría recursos que hasta ahora permanecían “escondidos” en activos menos volátiles.
El estallido de la burbuja del oro y la decisión de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) muestran que los precios estaban inflados por motivos especulativos.
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Tras tocar un máximo de 5.500 dólares por onza, el metal cayó durante el fin de semana a 4.700 dólares, marcando el fin de la burbuja de precios. “Nada justificaba semejante nivel de precios. Ni la geopolítica ni la escasa oferta. Un efecto combinado de un mercado negro y la especulación de algunos fondos de inversión frente a la tensión en Oriente Medio alimentaron la burbuja de precios, en momentos en que la producción de metales aumenta en todo el mundo”, señalan los analistas.
Esos fondos que se liberan del mercado de commodities volverán hacia las acciones y los bonos de los mercados emergentes.
Muchos fondos de inversión tienen previsto adquirir bonos de países emergentes, aunque no cualquier título. Los administradores de carteras buscan capturar la deuda de países alineados con la administración Trump.
En esta línea, Argentina arranca con ventaja, lo que podría no solo mejorar la paridad de los bonos soberanos, sino también disminuir considerablemente los rendimientos.
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Si los títulos argentinos suben su paridad, la tasa de riesgo país podría caer más rápido y favorecer un refinanciamiento de los vencimientos, evitando el pago de obligaciones con reservas, lo que contribuiría a reducir la volatilidad del tipo de cambio.
En línea con este escenario, el Banco Central (BCRA) presentó sus lineamientos de política monetaria.
La autoridad monetaria trazó un contorno de condiciones muy prudente, en el que la inflación volvió a ocupar el centro de la escena, al menos durante el primer trimestre.
El BCRA señaló que “durante el primer trimestre de 2026 la velocidad del proceso de desinflación enfrenta riesgos, de carácter estacional y por lo tanto transitorios, además de una mayor incertidumbre debido al cambio en la composición de la canasta del IPC INDEC. Entre los factores de riesgo se mencionan, en primer lugar, la estacionalidad del agrupado Carnes y derivados en el período noviembre-marzo, que puede afectar la categoría Núcleo del IPC. Un segundo riesgo transitorio es la corrección prevista en las tarifas residenciales de electricidad y gas por la readecuación del esquema de subsidios, con impacto en la categoría Regulados. Por último, en marzo suelen incidir significativamente los aumentos en Educación (Regulados) y en Prendas de vestir (Estacionales), en este último caso asociados al cambio de temporada”.
Sin embargo, el BCRA considera que “superadas las presiones transitorias e internalizados los cambios metodológicos de la actualización del IPC, se prevé que la inflación profundice su tendencia a la baja”.
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La moderación de la inflación esperada por el BCRA es compartida por los analistas que participan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). Según la encuesta de fines de diciembre de 2025, la mediana del relevamiento sugiere que la inflación continuaría descendiendo hasta ubicarse en torno al 20% en 2026.
Más adelante, el BCRA indicó que “mantendrá un sesgo restrictivo en la política monetaria para profundizar el proceso de desinflación. Además, actualizará trimestralmente las estimaciones de demanda de dinero derivadas de la programación monetaria y las publicará en el IPOM. La calibración de la política monetaria se ajustará según la evolución de la inflación, su relación con el nivel de actividad y las condiciones financieras que influyen sobre la demanda de dinero. Como se anunció a fines de diciembre, con el lanzamiento de una nueva fase del programa de estabilización, mientras la inflación observada supere la inflación internacional, el BCRA mantendrá un sesgo contractivo respecto de la trayectoria base de demanda de dinero”.
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En relación con el tipo de cambio, el BCRA explicó que “se seguirá operando bajo un régimen de flotación entre bandas y se anticipa que la liquidez necesaria para la remonetización provendrá de la compra de reservas por parte del BCRA. Desde el 1 de enero de 2026, el techo y el piso de la banda evolucionan mensualmente según el último dato de inflación informado por el INDEC, con un rezago de dos meses. Este esquema permite acotar los riesgos de movimientos extremos en el tipo de cambio. Bajo el régimen de agregados monetarios, la política monetaria buscará que la oferta de dinero acompañe la recuperación de la demanda. No obstante, dado que estos factores son temporarios, durante 2026 el BCRA priorizará el abastecimiento de la liquidez que demande la economía mediante la compra de reservas internacionales, en línea con el esquema de flotación cambiaria entre bandas”.
