¿Trump podría involucrarse en el reclamo por Malvinas? La versión que abre una posibilidad para la Argentina

La estrecha relación con el Gobierno de Milei y la tensión con la administración británica por la falta de apoyo en el conflicto por el estrecho de Ormuz podría ser clave para lograr un giro histórico.


La posición de Estados Unidos sobre las Islas Malvinas pareció durante décadas inamovible. En 1982, el entonces presidente Ronald Reagan respaldó a Margaret Thatcher en la guerra del Atlántico Sur, consolidando una tradición diplomática alineada con el Reino Unido.

Ese antecedente sigue pesando, pero la lógica geopolítica de Donald Trump introduce nuevas variables: conveniencia, recursos y lealtades actuales. En ese marco, el tablero comenzó a mostrar señales de cambio.

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La relación entre Washington y Londres atraviesa tensiones visibles. Trump criticó al primer ministro británico Keir Starmer por su postura frente a la crisis en el estrecho de Ormuz, donde el Reino Unido evitó involucrarse militarmente en la medida que esperaba la Casa Blanca. La negativa a enviar apoyo naval inmediato dejó expuesta una relación menos fluida que la histórica “special relationship”.

En paralelo, el vínculo entre Argentina y Estados Unidos atraviesa uno de sus mejores momentos en años. La Casa Blanca habló de una “alianza estratégica” en noviembre de 2025, mientras que el respaldo del Departamento de Justicia al planteo argentino en la causa YPF fue leído como una señal concreta de cercanía política.

Además, el Gobierno argentino se alineó con la estrategia estadounidense frente a Irán, en un contexto internacional cada vez más tenso.

La frase que abrió la puerta

En ese escenario comenzó a circular una hipótesis que hasta hace poco parecía impensada: que sectores cercanos al poder republicano evalúen revisar el histórico respaldo a Londres en la disputa por Malvinas.

Uno de los primeros en plantearlo fue Marc Zell, dirigente republicano cercano al trumpismo. Su argumento fue directo: mientras Argentina muestra disposición a colaborar con Estados Unidos en la protección del comercio internacional en Ormuz, el Reino Unido se muestra reticente.

Bajo esa lógica, sostuvo que la administración Trump debería considerar un giro y contemplar el apoyo al reclamo argentino sobre las islas.

No se trata de una postura oficial, pero sí de una señal política relevante: dentro del ecosistema republicano ya aparecen voces que se animan a cuestionar una línea histórica.

Una hipótesis geopolítica más amplia

El periodista Daniel Hadad llevó el análisis a un plano más amplio. Su lectura vincula la cuestión Malvinas con la logística global y la seguridad del comercio internacional.

Según su planteo, ante un eventual problema en el Canal de Panamá, Estados Unidos necesitaría rutas alternativas. Allí aparece el sur del continente, con el Canal de Drake como opción estratégica.

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En ese marco, Hadad deslizó una hipótesis audaz: que hacia 2027 podrían abrirse negociaciones entre Argentina y el Reino Unido, auspiciadas por Estados Unidos, para desactivar el conflicto por Malvinas. Incluso sugirió que podrían existir contactos informales previos, aunque no hay evidencia pública que lo confirme.

El enfoque redefine el problema: las islas dejan de ser solo una causa histórica para convertirse en una pieza dentro del mapa estratégico global.

La ventana táctica y sus límites

En redes sociales, analistas y operadores cercanos al oficialismo libertario también comenzaron a especular con posibles movimientos de Trump en el escenario internacional, especialmente en relación con Irán y Medio Oriente.

La hipótesis es que, si Estados Unidos reconfigura su despliegue global y algunos aliados pierden centralidad, podría buscar nuevos socios estratégicos. En ese esquema, Argentina aparece como un actor alineado.

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Sin embargo, el debate también expone límites. El influencer y exfuncionario Nico Promanzio puso el foco en la capacidad real del país para aprovechar una eventual oportunidad.

Su diagnóstico es que la debilidad histórica del instrumento militar argentino reduce el margen de acción. Según su visión, construir capacidades estratégicas lleva años de inversión sostenida y planificación, algo que no se resuelve en el corto plazo.

Esa advertencia introduce un punto clave: aun si existiera una apertura diplomática, Argentina necesitaría peso político, militar y estratégico para capitalizarla.

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