El presidente de Estados Unidos enfrenta presión diplomática de aliados europeos tras sus amenazas sobre el territorio danés.
Donald Trump llegó a Davos, Suiza, para participar del Foro Económico Mundial, en un contexto marcado por la expectativa de su discurso y por una crisis diplomática en rápido crecimiento. Durante los últimos días, el mandatario estadounidense lanzó amenazas contra aliados de su país en relación con Groenlandia, lo que generó alarma en Europa y puso en riesgo la estabilidad de una alianza transatlántica de siete décadas.
Altos funcionarios europeos planean utilizar la cumbre anual de élites mundiales como escenario para frenar la escalada y evitar que las tensiones deriven en una ruptura con Washington. Según fuentes citadas por CNN, incluso miembros del entorno de Trump han manifestado en privado sus reparos sobre la retórica presidencial y buscan una salida negociada.
El presidente prometió imponer nuevos aranceles a cualquier aliado que se oponga a su aspiración de lograr el “control completo y total” de Groenlandia. Frente a ello, diplomáticos occidentales y asesores de la Casa Blanca analizan alternativas: desde ampliar tratados militares y comerciales ya vigentes en la isla, hasta establecer un Pacto de Libre Asociación similar al que Estados Unidos mantiene con Palaos, las Islas Marshall y Micronesia. También se discute la posibilidad de renegociar el acuerdo de 1951 con Dinamarca y Groenlandia para impedir inversiones chinas en el territorio.
Aunque Copenhague ha mostrado escasa disposición a ceder soberanía, funcionarios del Gobierno de Trump han trabajado en propuestas para comprar la isla. El propio presidente aseguró antes de partir que alcanzará un acuerdo “muy bueno para todos”, y sostuvo que la OTAN estaría “muy contenta” con el resultado.
En Davos, Trump prevé mantener reuniones privadas sobre el tema, entre ellas con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Sin embargo, pese a las gestiones diplomáticas, el mandatario reiteró que “necesitamos Groenlandia” y evitó precisar hasta dónde estaría dispuesto a llegar para obtener el control del territorio ártico.
La Casa Blanca, a través de su portavoz Anna Kelly, defendió la idea de una eventual adquisición como un beneficio para la alianza atlántica, al señalar que “la OTAN se vuelve mucho más formidable y eficaz con Groenlandia en manos de Estados Unidos, y los groenlandeses estarían mejor protegidos frente a las amenazas modernas en la región ártica”.
