Desde Teherán, la Guardia Revolucionaria afirmó tener «el dedo en el gatillo» para responder con firmeza.
La tensión entre Washington y Teherán alcanza un nuevo punto crítico. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, movilizó una «enorme» fuerza naval hacia las costas de Irán. Este despliegue ocurre mientras el mandatario mantiene abierta la posibilidad de una nueva acción militar, tras el apoyo estadounidense a Israel en la «guerra de doce días» del pasado junio.
A bordo del Air Force One, el presidente Trump confirmó que un gran número de buques de guerra navega hacia la región. El grupo de combate incluye al portaaviones Abraham Lincoln y varios destructores con misiles teledirigidos. Según fuentes oficiales, el Pentágono estudia también el envío de sistemas de defensa antiaérea adicionales.
Trump explicó que el objetivo es vigilar la situación de cerca. Aunque afirma que no desea una escalada, lanza advertencias claras a las autoridades iraníes: prohíbe la reanudación del programa nuclear, exige el fin de la represión violenta contra los manifestantes, asegura que sus advertencias previas ya detienen la ejecución de unos 840 detenidos en Teherán.
Desde Teherán, la Guardia Revolucionaria (CGRI) responde con firmeza. El comandante Mohammad Pakpour declara que sus fuerzas están en el más alto estado de alerta. Pakpour, quien asume el mando tras la muerte de Hossein Salami en los combates de junio, pide a Washington y Tel Aviv que «extraigan lecciones» de la historia reciente para evitar un destino «doloroso».
Por su parte, el Cuartel General Jatam al Anbiya advierte que cualquier ataque convierte de inmediato a todas las bases e intereses de EE. UU. en la región en objetivos militares legítimos.
