Tras alcanzar su nivel más bajo en ocho años, el indicador rebotó en las últimas jornadas: cuáles son los motivos y cómo podría recuperar la tendencia a la baja.
Luego de haber alcanzado a fines de enero su nivel más bajo en casi ocho años, el riesgo país argentino rebotó en las últimas jornadas y volvió a ubicarse por encima de los 500 puntos básicos, en un contexto marcado por la inestabilidad financiera global y la caída de activos en los mercados emergentes.
El movimiento estuvo explicado, principalmente, por el deterioro del escenario internacional, que afectó a acciones tecnológicas, bonos soberanos y criptomonedas, y terminó golpeando también a los títulos argentinos. Como resultado, el índice elaborado por JP Morgan Chase trepó desde la zona de 480 puntos hasta alrededor de 520, muy por encima del promedio regional, cercano a los 300 pb.
El Riesgo País perforó los 500 puntos: fuerte suba de bonos argentinos
El riesgo país es uno de los indicadores más seguidos por los inversores para medir la probabilidad de incumplimiento de un Estado. Surge de comparar la rentabilidad de los bonos soberanos locales con la de los títulos del Tesoro de Estados Unidos de igual plazo, considerados libres de riesgo. Una brecha elevada refleja mayor desconfianza y encarece el acceso al financiamiento externo.
En la coyuntura actual, una eventual emisión de deuda soberana argentina exigiría tasas cercanas al 9% anual en dólares, un nivel que el mercado considera poco conveniente para el Gobierno.
Reservas y sostenibilidad, el desafío de fondo
Para los analistas, el objetivo oficial de llevar el riesgo país por debajo de los 400 puntos no depende solo del orden fiscal, sino también de una acumulación genuina y sostenible de reservas. En diálogo con Infobae, Sebastián Menescaldi, director asociado de EcoGo, sostuvo que “además de continuar con la política fiscal actual, el Gobierno tiene que seguir sumando reservas en mayor cuantía y demostrar que eso es sustentable en el tiempo”.
Según explicó, gran parte de las divisas compradas recientemente fueron utilizadas para cancelar compromisos de deuda, por lo que el impacto sobre las reservas netas fue limitado. De hecho, las tenencias internacionales se mantienen por debajo de los USD 45.000 millones, pese a que el Banco Central adquirió cerca de USD 1.500 millones en las últimas semanas. “El resultado hubiera sido distinto si no se tomaba el repo por USD 3.000 millones en enero”, señaló.
No obstante, Menescaldi remarcó que el escenario mejoró respecto de meses anteriores: “Antes había una pérdida constante de reservas por pagos al exterior. Ahora la caída fue mucho menor y la idea es consolidar las compras, siempre que la política monetaria y las tasas locales sean sostenibles”.
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Desde el inicio del actual programa económico, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) acumuló 25 jornadas consecutivas de compras, por casi USD 1.500 millones, en coincidencia con el arranque de la denominada “fase 4”. Estas adquisiciones se realizaron sin esterilización, lo que permitió mantener la liquidez y evitar presiones alcistas sobre las tasas de interés.
Las proyecciones oficiales estiman que durante 2026 la compra de divisas podría ubicarse entre USD 10.000 y USD 17.000 millones, dependiendo del ritmo de remonetización de la economía. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, afirmó que la continuidad del proceso estará ligada tanto a la demanda de pesos como al ingreso de dólares al sistema.
En esa línea, Federico Machado, economista del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional (OPEN), sostuvo que el resultado electoral favorable al oficialismo mejoró la percepción de voluntad de pago y explicó gran parte de la baja del riesgo país desde niveles cercanos a 1.100 puntos hasta la zona actual. Sin embargo, advirtió: “Para llevar el índice por debajo de 400 puntos, el BCRA necesita contar con USD 10.000 o 12.000 millones de reservas netas. Por ahora lo veo lejano”.
Tasas, inflación y política monetaria
El reciente repunte del riesgo país también estuvo acompañado por un escenario de tasas de interés más elevadas. Para Camilo Tiscornia, director de la consultora C&T, el movimiento respondió tanto al shock externo como a la política monetaria contractiva y a una inflación que se mantiene alrededor del 2% mensual.
“Tiene que ver con la estrategia del Banco Central de mantener la liquidez bastante acotada para contener la inflación. En diciembre las tasas habían bajado demasiado, en un contexto muy particular posterior a las elecciones”, explicó.
Tiscornia agregó que, si bien las tasas actuales son más altas que a fines de 2025, se ubican por debajo de los picos registrados en la previa electoral. “La lucha contra la inflación requiere tasas relativamente altas”, sostuvo.
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Machado coincidió en el diagnóstico y anticipó que, con una inflación persistentemente por encima del 2% y una política monetaria restrictiva, los niveles actuales de tasas se mantendrán, aunque con episodios de volatilidad.
En paralelo, el Ministerio de Economía logró en las últimas licitaciones de deuda local refinanciar el 100% de los vencimientos, aun a costa de convalidar rendimientos más altos. De esta manera, evitó liberar pesos al mercado y reforzó el sesgo contractivo de la política monetaria.
Hoy, el principal proveedor de pesos es el propio Banco Central, a través de la compra de dólares. Desde la entidad aseguran que monitorean de manera permanente la emisión para evitar un rebrote inflacionario. La eventual baja de las tasas aparece como una condición clave para reactivar el crédito y apuntalar la actividad, pero el mercado sigue atento a la evolución de las reservas y al contexto internacional, dos factores decisivos para el rumbo del riesgo país.
