El presidente estadounidense y su par de Francia mantuvieron una reunión bilateral.
La cumbre del G7 en la ciudad francesa de Évian comenzó bajo la sombra de las crisis geopolíticas que sacuden al mundo.
Lo que inicialmente estaba previsto como un encuentro para abordar la economía global, el comercio y la cooperación internacional volvió a quedar eclipsado por las tensiones en Medio Oriente, el posible acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la guerra en Ucrania.

Según pudo saber Notas de Actualidad, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, llegó al lujoso hotel Royal de Évian para participar de la reunión con los líderes de las otras seis economías del grupo.
Zelenski advirtió que Rusia construye nuevas bases militares cerca de Europa
Aunque no fue recibido oficialmente por el presidente francés, Emmanuel Macron, ambos mantuvieron posteriormente un encuentro bilateral que marcó el inicio de una cumbre considerada clave para el futuro de las relaciones transatlánticas.
Conmoción en Río de Janeiro: dos helicópteros chocaron y hay seis muertos
Además de los miembros del G7, Francia invitó a representantes de India, Egipto, Brasil, Kenia, Corea del Sur, Ucrania, Catar y Emiratos Árabes Unidos, en un intento por ampliar el debate sobre los principales desafíos internacionales.
Cómo fue la celebración de los 80 años de Donald Trump en la Casa Blanca
Sin embargo, todas las miradas están puestas en el posible memorándum que Estados Unidos e Irán podrían firmar en Suiza. El eventual acuerdo es visto como un punto de inflexión en la política exterior de Washington y podría modificar el equilibrio de poder en Medio Oriente.
En ese contexto, Macron anunció que Reino Unido, Francia, Italia y los Países Bajos están dispuestos a desplegar recursos para una misión de protección pacífica en el Estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta para el comercio energético mundial.
«La reapertura del Estrecho de Ormuz debe respetar el derecho internacional», afirmó el mandatario francés, quien también señaló que el portaaviones Charles de Gaulle podría movilizarse en apenas unos días tras la eventual firma del acuerdo.
La situación en Medio Oriente condiciona por completo la agenda del G7. Las negociaciones entre Estados Unidos e Israel, el rechazo del gobierno de Benjamin Netanyahu a modificar su estrategia en el Líbano y las consecuencias de un posible entendimiento con Teherán se han convertido en los temas más sensibles del encuentro.
Pero no son los únicos focos de tensión. Ucrania ocupa un lugar central en las conversaciones entre los líderes. Mientras Europa insiste en aumentar la presión sobre Moscú y mantener el respaldo a Kiev, Washington ha flexibilizado algunas restricciones energéticas para evitar nuevas turbulencias en los mercados internacionales.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, fue invitado por Macron y participará de reuniones de trabajo con los líderes occidentales. París aspira a que el comunicado final del G7 reafirme el apoyo financiero y político a Ucrania y mantenga abierta la posibilidad de un futuro diálogo con Rusia.
La seguridad también se convirtió en una de las principales preocupaciones de la cumbre. Tras los disturbios registrados en Ginebra antes del inicio del encuentro, Francia desplegó alrededor de 12.000 policías y soldados en Évian para impedir nuevos incidentes y garantizar el desarrollo de las reuniones.
En paralelo, el llamado «fantasma chino» sobrevuela las discusiones. Los países europeos observan con preocupación el creciente superávit comercial de China y el impacto de su capacidad industrial sobre sectores estratégicos como el automotriz, el siderúrgico y el químico.
Francia intenta evitar que el G7 se transforme en un bloque exclusivamente antichino y apuesta por mantener abiertos los canales de diálogo con Pekín. Sin embargo, las diferencias económicas y geopolíticas hacen cada vez más complejo encontrar consensos.
Con las guerras en Ucrania y Medio Oriente, las tensiones comerciales y la necesidad de reconstruir la relación entre Europa y Estados Unidos, la cumbre de Évian enfrenta el desafío de producir acuerdos concretos en un escenario internacional marcado por la incertidumbre y la fragmentación.
