La casta lanzó una campaña contra la política de reformas del gobierno, llegando incluso a poner en riesgo la estabilidad del país, aun cuando esto suponga echar por tierra el esfuerzo de millones de argentinos que quieren un futuro mejor.
La casta sacó a relucir todo su repertorio de miserias y frustraciones. No soporta perder privilegios, no piensa ceder un centímetro. Su apetencia es voraz, mordaz y su cinismo exasperante.
En su intento por preservar sus posesiones, la casta ha lanzado una campaña contra la política de reformas del gobierno, llegando incluso a poner en riesgo la estabilidad del país, aun cuando esto suponga echar por tierra el esfuerzo de millones de argentinos que quieren un futuro mejor.
Esa pujanza de la sociedad de someterse a un duro ajuste económico para dejar atrás al virus inflacionario ahora se ve amenazada por la casta política y sus operaciones. Nuevamente, la política y sus miserias siembran zozobra en la sociedad para provocar desestabilización y la sensación de caos, planteando tirar por la borda la estabilidad lograda con esfuerzo para proponer la “solución mágica” de las devaluaciones.
Así, estos dos tercios del año transcurridos con una clara tendencia a la desaceleración inflacionaria se ven amenazados por los fracasados de siempre que no quieren aceptar los cambios.
En este contexto, los mercados se alteran y toman precauciones. Sensibles y medrosos, reaccionan con nerviosismo ante los signos de desestabilización y el pánico se apodera de ellos. Esto se traduce en caídas de precios de activos y en la sensación de un final inminente.
Nada más lejos de la realidad. La gente eligió el sacrificio, en especial las generaciones jóvenes, hartas y agotadas de tantas frustraciones.
Los datos económicos son concluyentes: abrupta caída de la inflación, mejora en los principales sectores productivos y en los de mayor capacidad. Las destilerías petroleras trabajan al máximo, lo mismo que las siderúrgicas y los despachos de cemento. La producción de automotores aumentó un 60% en el último año.
Las perspectivas de crecimiento muestran que en 2025 la Argentina podría crecer por encima del 5%, convirtiéndose en el segundo país con mayor suba del PBI en el mundo. Todo ello en el marco de un año de inestabilidad económica internacional y con un enemigo político interno que socava los cimientos de la recuperación.
Si la economía pudo reaccionar de esta manera pese a la inestabilidad global, ¿cuánto más podría mejorar la situación de millones de argentinos si la casta no sembrara cizaña?
Los números son claros: la inflación no supera el 2% mensual. Ya no se manipulan los índices de precios, ya no se miente porque las estadísticas están en manos de profesionales sin presiones políticas.
¿Que todavía la inflación es alta? Cierto, pero los procesos de baja de precios son lentos, en especial en economías muy cerradas. El desastre fiscal, monetario y administrativo de los gobiernos anteriores fue demoledor y no se puede arreglar en 20 meses lo que se hizo mal en 25 años.
Ahora comienza el tiempo de elecciones, con todo el batifondo que ello implica. Allí la tensión en los mercados se vuelve más evidente.
¿Qué puede hacer el gobierno para evitar mayor pánico? Tal como se ha señalado desde esta misma columna, la Casa Rosada debe liberar cuanto antes el mercado cambiario, mantener la disciplina fiscal y monetaria y bajar aún más las retenciones a las exportaciones. Solo así se dinamizarán los flujos de capitales que permitan poner en marcha la economía y derrotar definitivamente a la casta y sus privilegios.
