El crecimiento de sectores clave impulsa un fuerte cambio regional y profundiza las diferencias entre el interior productivo y el AMBA.
Por Miguel Ángel Rouco
Mientras la desaceleración inflacionaria parece haber tomado cuerpo y cobra más sentido en las últimas semanas, el gobierno aguarda una mejora del ambiente internacional para poder retomar la iniciativa en algunas asignaturas que aún le resultan pendientes.
El Banco Central reflejó la tendencia de la caída de precios y pronosticó que la inflación tenderá a un descenso más acelerado del previsto.
En su último Informe de Política Monetaria (IPOM), el BCRA destacó que: “se prevé una desaceleración de la inflación en abril y mayo por la reversión de los factores estacionales y los shocks transitorios que presionaron en marzo. En abril, bajaría en forma significativa la incidencia de los agrupados carnes y derivados y educación, mientras que persistiría la incidencia directa de las naftas y la estacionalidad desfavorable de prendas de vestir. En mayo, se prevé una nueva desaceleración de las carnes que coincidiría con la estacionalidad favorable en prendas de vestir. Adicionalmente se espera que la política monetaria, la evolución del tipo de cambio y las expectativas de reducción de la inflación incidan favorablemente en un descenso de la inflación subyacente. El mayor riesgo sobre el IPC proviene de la incertidumbre global, que puede traducirse en una mayor presión inflacionaria internacional, particularmente en el precio de los combustibles”.
En otras palabras, la Argentina no es ajena al ambiente internacional y la resolución de la crisis en Oriente Medio determinará la velocidad de la caída de la tasa de inflación.
Lo cierto es que ni la presión política de algunos sectores económicos ligados al kirchnerismo ni tampoco la crisis personal del jefe de Gabinete van a torcer el rumbo económico adoptado por la administración Milei.
Si el gobierno logra encauzar el sistema de precios dentro de parámetros tolerables, la sociedad argentina está dispuesta a dar un respaldo a los libertarios a un nuevo mandato a partir de 2027.
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Para reforzar esta tesis, el BCRA subrayó que: “decidió mantener su política monetaria inalterada, entendiendo que la suba de la inflación es transitoria, que las expectativas de un sendero desinflacionario se preservan y que las condiciones financieras siguen estables. El shock del precio internacional de los combustibles se sumó al impacto adverso de corto plazo que el cambio en precios relativos venía teniendo sobre el IPC mensual. Sin embargo, las expectativas del BCRA y del sector privado coinciden en que esas presiones quedaron atrás y anticipan una rápida reducción de la inflación hacia adelante. La política monetaria podría accionar principalmente sobre la demanda agregada, por lo cual convencionalmente no persigue el objetivo de contrarrestar shocks de oferta mientras no haya efectos de segunda ronda en precios domésticos. Es decir, la inflación refleja shocks de oferta, cambios de precio relativos y estacionalidad, mientras que las expectativas privadas de inflación anticipan un proceso de moderación marcada hacia adelante”.
Sin embargo, más allá de este tema inmediato, se observa que la economía se mueve a distintos ritmos en distintas zonas del país.
La diversa geografía se acopla hacia nuevos horizontes y determina la dinámica económica.
La menguante economía de la zona metropolitana contrasta clara y abruptamente con el importante desarrollo relativo de algunas provincias vinculadas al negocio energético, minero y agropecuario.
El cambio estructural que se está mostrando en Neuquén, Río Negro, Mendoza, San Juan, Córdoba y Santa Fe, y en menor medida en Entre Ríos y Corrientes, contrasta con los problemas estructurales y el envejecimiento de la economía del AMBA.
La inversión que se registra en la economía de esas provincias como consecuencia del derrame de la energía, la minería y el campo es superlativa.
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El paisaje de las mesetas y las llanuras y de las faldas cordilleranas se presenta ahora difuso por la presencia de grandes construcciones de viviendas y hoteles para alojar a los nuevos migrantes que acuden desde todo el país hacia los nuevos faros del desarrollo económico argentino.
Esta es la antítesis de lo que ocurre con la vieja economía de servicios caros y obsoletos del área metropolitana, que muestra una marcada caída de la calidad de vida, al tiempo que se incrementa drásticamente la tasa del desempleo y la marginalidad debido a la excesiva presión fiscal y la falta de seguridad y transporte.
Mientras en el interior la tasa de desempleo cae marcadamente, en el área metropolitana aumenta de manera dramática.
El proceso se inició de manera silenciosa y continua y no parece perder intensidad, a pesar de algunos contratiempos macroeconómicos.
En la Argentina hay varios países en uno, pero hay muchos que no quieren verlos.
