En mayo se registró un aumento en el cierre de locales comerciales, reflejando el deterioro de la demanda.
La industria del calzado en Argentina atraviesa una fase de fuerte contracción, marcada por la caída del consumo interno, el avance de las importaciones y una creciente capacidad ociosa en las plantas productivas.
De acuerdo con referentes del sector, en marzo las fábricas operaron con apenas el 40% de su capacidad instalada, mientras que en mayo se registró un aumento en el cierre de locales comerciales, reflejando el deterioro de la demanda.
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En este contexto, la empresa Kioshi, con base en Esteban Echeverría, evidencia el impacto de la crisis en la estructura productiva. Su titular, Emmanuel Fernández, señaló que la firma redujo su plantilla de 120 a 15 empleados en los últimos tres años.
Según explicó, la compañía pasó de producir cerca de 40.000 pares mensuales entre 2022 y 2023 a un volumen actual de alrededor de 10.000 unidades. A nivel sectorial, la producción anual descendió de unos 120 millones de pares históricos a 80 millones en 2025, con una nueva caída del 25% en el primer trimestre del año en curso.
Fernández atribuyó esta situación a una combinación de factores, entre ellos el incremento de las importaciones —que crecieron cerca de un 40% en 2024—, el ingreso de mercadería informal y, principalmente, el desplome del consumo interno. En ese sentido, indicó que el consumo per cápita anual pasó de casi cuatro pares a aproximadamente dos.
El empresario también describió un escenario de fuerte subutilización de recursos productivos. “Gran parte de la maquinaria permanece inactiva o se utiliza de manera esporádica”, señaló, al tiempo que advirtió sobre la pérdida de eficiencia operativa.
En términos comerciales, sostuvo que el canal online representa entre el 10% y el 15% de las ventas del sector, lo que relativiza su capacidad para compensar la caída del consumo en tiendas físicas. Además, mencionó dificultades en la cadena de pagos, con un aumento de cheques rechazados y mayores restricciones para acceder al crédito.
En paralelo, la competencia con productos importados a bajo costo, particularmente de origen asiático, agrega presión sobre los fabricantes locales. Si bien los aranceles para el ingreso de calzado terminado se mantienen en torno al 35%, la reducción de costos en mercados externos y el excedente global de producción complican la competitividad de la industria nacional.
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Finalmente, desde el sector plantean la necesidad de políticas de largo plazo que permitan sostener la actividad y mejorar la escala productiva, en línea con experiencias internacionales como la de Brasil, que desarrolló su industria del calzado durante décadas antes de competir en mercados globales.
