Inflación en baja, cepo en debate y la política en campaña: la estrategia electoral que define el Gobierno

La economía sigue su curso sin que se altere la vida de la gente, a pesar de las enormes dificultades que se derivan de un inicio de siglo malogrado.


Mientras el gobierno y la oposición definen sus propias estrategias electorales, la economía sigue su curso sin que se altere la vida de la gente, a pesar de las enormes dificultades que se derivan de un inicio de siglo malogrado.

La plaga que dejó la trasnoche kirchnerista sobre la hacienda pública y su enorme efecto sobre la vida de la sociedad empieza a mostrar las dos caras de una misma moneda.

Mientras se procura solucionar los temas más urgentes como la inflación, por otra parte se empieza a percibir cómo la tragedia del primer cuarto de siglo queda al descubierto.

La enorme brecha entre ricos y pobres, provocada por el delirio inflacionario y los intentos de asegurar la “mesa de los argentinos” mediante decretazos salvajes, absurdos e inconsistentes, empieza a quedar atrás.

La mejora de los ingresos en términos reales, generada a partir de la caída de la inflación, recupera poder de compra paulatinamente.

El ingreso de divisas es notorio y se palpa en el mercado y en los agregados monetarios, a pesar de las restricciones cambiarias que persisten. Esto se podría clarificar si el gobierno adopta un ritmo más intenso en la eliminación total del denominado “cepo”.

Pero el gobierno ha dejado claro que sus prioridades son el mantenimiento a rajatabla del superávit fiscal, el control bajo de la inflación y la capitalización del Banco Central (BCRA), a pesar de utilizar cosmética contable para su validación.

La contabilidad creativa aplicada en el rescate de las Letras Intransferibles por parte del Tesoro es, cuanto menos, cuestionable. Si bien la utilización de nueva deuda –recursos del FMI para capitalizar al BCRA– no parece ser el camino más indicado, tampoco es el peor, dada la magnitud del daño generado por los disparates de Cristina Fernández y Axel Kicillof, tras su paso por la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda.

Para los amnésicos y románticos de la política de pobreza, Fernández y Kicillof despilfarraron las reservas y, a cambio, le dejaron al BCRA unas Letras Intransferibles que no podía vender en el mercado ni capitalizar. Una exacción ilegal que contó con el aplauso del arco político kirchnerista y sus aliados.

Aun con todo, el rescate de esas letras con deuda nueva implica “ganar tiempo”, una suerte de huida hacia adelante que requiere de férrea disciplina fiscal y monetaria durante varios ejercicios. Esto confirma que la decisión de Milei de aplicar vetos a los proyectos legislativos que aumentan el gasto sin recursos genuinos fue acertada.

De allí que el mantra liberal de mantener el superávit fiscal y la disciplina monetaria, mientras se quitan las regulaciones económicas, convierta las promesas electorales de Milei en 2023 en su mejor carta de triunfo en septiembre y octubre.

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