El presidente de Chile, Gabriel Boric, culpó tanto a la «violencia en las barras» como a la «evidente irresponsabilidad en la organización».
El partido de vuelta por los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile fue oficialmente cancelado por la Conmebol tras una batalla campal entre hinchas que dejó al menos diez heridos y noventa detenidos en el estadio Libertadores de América.
Los incidentes comenzaron en la tribuna Pavoni Alta, donde simpatizantes de la U. de Chile arrojaron objetos y proyectiles hacia la zona Baja, ocupada por hinchas del “Rojo”. La tensión escaló rápidamente: muchos aficionados locales buscaron refugio bajo los techos de las gradas, mientras otros invadieron el campo de juego en un intento desesperado por detener el partido.
La voz del estadio pidió la evacuación de los hinchas chilenos para reanudar el encuentro, pero los enfrentamientos continuaron sin tregua. La ausencia de fuerzas policiales agravó la situación, y la barra brava de Independiente respondió con violencia. Se registraron corridas, robos y agresiones hacia los pocos seguidores visitantes que aún permanecían en el recinto.
El árbitro suspendió el partido en el minuto 48, con el marcador empatado 1-1. Horas más tarde, la Conmebol anunció la cancelación oficial del encuentro, dejando el futuro de la serie en manos del tribunal disciplinario. Se esperan duras sanciones para ambos clubes, que podrían incluir la pérdida de puntos, multas económicas y restricciones para futuras competencias internacionales.
Desde Chile, Michael Clark, aseguró que «el fútbol ahora pasa a un segundo plano». A la polémica se sumó el presidente de Chile, Gabriel Boric, quien culpó tanto a la «violencia en las barras» como a la «evidente irresponsabilidad en la organización» y ordenó a su embajador asistir a los heridos.
