De la guerra de Malvinas a ídolo del fútbol: la historia del soldado que conquistó a los hinchas

“La cancha me salvó. Era el único lugar donde podía desconectar la cabeza”, declaró: quién fue esta promesa del fútbol.


La vida de Luis Escobedo es un relato de resistencia que parece guionado por el destino. Era apenas un adolescente cuando pasó de ser una de las promesas del fútbol de ascenso a combatir en la Guerra de Malvinas como soldado de la Compañía de Comunicaciones. Fueron 70 días en el archipiélago, con 19 años, luchando sin haber empuñado en su vida un arma, desconocer táctica más que las del deporte que lo hacía feliz y alejarse de su familia, a quienes vio antes de subirse al avión rumbo a Río Gallegos.

Nacido en Santiago del Estero y criado en los potreros de Ingeniero Budge, Escobedo construyó una carrera profesional de casi dos décadas que lo llevó a ser un referente en el fútbol argentino y trasandino. Defendió las camisetas de diez equipos y cruzó la cordillera para ser una leyenda del fútbol chileno.

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Hoy, alejado del profesionalismo pero nunca de la pelota, revive su historia con Clarín. No solo la del futbolista que compartió plantel con jugadores de alto nivel, sino la del hombre que encontró en el vestuario la terapia necesaria para sanar las heridas de la guerra. Un recorrido por su infancia, su paso por Malvinas y cómo el fútbol terminó siendo, literalmente, su salvación.

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Cuando regresó del conflicto en 1982, el país estaba marcado por la derrota y los excombatientes enfrentaban una realidad difícil: silencio, pocas oportunidades y una sociedad que todavía intentaba comprender lo que había ocurrido. Para Escobedo, el regreso no fue sencillo. “Volvés siendo otro. Después de ver lo que ves allá, nada vuelve a ser igual”, recuerda.

En ese contexto, el fútbol fue su refugio. Volver a entrenarse, compartir un vestuario y sentir el ruido de la pelota contra el botín lo ayudaron a recuperar una rutina. “La cancha me salvó. Era el único lugar donde podía desconectar la cabeza”, explica.

Con el paso de los años, su carrera comenzó a consolidarse. Su estilo aguerrido y su personalidad dentro del campo lo transformaron en un jugador respetado por compañeros e hinchas. En cada club dejó una huella, no solo por su juego, sino también por la historia que cargaba a cuestas.

El salto al fútbol chileno marcó uno de los momentos más importantes de su trayectoria. Allí encontró estabilidad, continuidad y el reconocimiento del público, que lo adoptó como uno de los suyos. En ese país, su nombre comenzó a asociarse con compromiso, liderazgo y experiencia.

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Pero más allá de los títulos o los equipos que defendió, Escobedo siempre entendió el fútbol como algo más profundo. Para él, cada partido era una oportunidad de seguir adelante, de demostrar que la vida podía ofrecer una segunda oportunidad incluso después de la guerra.

Hoy, con el paso del tiempo, mira hacia atrás con serenidad. Habla de Malvinas con respeto y memoria, y del fútbol con la gratitud de quien encontró en una pasión el camino para reconstruirse. “La guerra te marca para siempre”, dice. “Pero también te enseña a valorar cada momento. Y para mí, cada vez que entraba a una cancha era una forma de celebrar que estaba vivo”.

La historia de Luis Escobedo resume, en cierta forma, la de muchos excombatientes: la de jóvenes que regresaron de un conflicto que los obligó a crecer de golpe. En su caso, el fútbol fue mucho más que un deporte. Fue un refugio, una terapia y, finalmente, el puente hacia una nueva vida.

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