Un satélite que lleva más de dos décadas estudiando el universo y que reingresará a la atmósfera terrestre en las próximas semanas genera preocupación.
La NASA confirmó el final de la misión del observatorio espacial Swift Neil Gehrels, un satélite que lleva más de dos décadas estudiando el universo y que reingresará a la atmósfera terrestre en las próximas semanas. Debido a la inclinación de su órbita, Argentina se encuentra entre los territorios que podrían recibir fragmentos de la nave que sobrevivan al descenso.
El observatorio se encuentra a menos de 275 kilómetros de la superficie terrestre, una altura que incrementa la resistencia atmosférica y dificulta la continuidad de sus operaciones. Según informó la agencia espacial estadounidense, el equipo encargado de la misión envió la orden final para detener el funcionamiento del telescopio el pasado 20 de octubre, cuando alcanzó una altura considerada crítica.
La NASA explicó que el satélite atravesará un proceso de desintegración al entrar en contacto con la atmósfera. Aunque la mayor parte de la estructura debería destruirse durante el descenso, algunos componentes podrían sobrevivir y alcanzar la superficie. Sin embargo, la agencia considera improbable que el reingreso provoque daños a las personas.
Por qué Argentina está entre las zonas que podrían recibir restos del satélite
La trayectoria orbital del Swift abarca una franja que se extiende desde México hasta amplias regiones de Sudamérica. Debido a esa inclinación, Argentina forma parte del área geográfica por la que podría producirse el reingreso. No obstante, esto no significa que exista un punto de impacto confirmado dentro del país.
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El desenlace del observatorio llegó después de varios intentos por prolongar su vida útil. En agosto, la NASA y la empresa privada Katalyst Space desistieron de un proyecto que buscaba recuperar el satélite mediante la nave robótica LINK. La imposibilidad de corregir su órbita, sumada al aumento de la actividad solar y sus efectos sobre la resistencia atmosférica, aceleró el descenso.
Lanzado en noviembre de 2004, el Swift había sido diseñado para funcionar durante dos años, pero superó ampliamente las expectativas iniciales. Durante su trayectoria, capturó más de 1,5 millones de imágenes y generó un archivo científico de 12 terabytes que permitió la publicación de aproximadamente 7.000 artículos académicos.
El observatorio se especializó en detectar explosiones de rayos gamma, algunos de los fenómenos más energéticos del universo. También contribuyó al estudio de unas 2.000 explosiones de rayos gamma y 1.400 supernovas, además de registrar acontecimientos fundamentales para comprender la evolución de las estrellas y los eventos cósmicos extremos.
Pese al final de sus operaciones, los datos recopilados por el Swift seguirán disponibles para la comunidad científica. Mientras tanto, la NASA continuará monitoreando el descenso de la nave para precisar las condiciones de su reingreso y estimar con mayor exactitud dónde podrían caer los eventuales fragmentos.
