Los principales puntos están centrados en el control del gobierno de Delcy Rodríguez y el manejo del petróleo venezolano.
Horas después de que la Marina de Estados Unidos incautara otros dos petroleros, entre ellos uno con bandera rusa, el secretario de Estado Marco Rubio presentó ante el Congreso un plan para el futuro inmediato de Venezuela que contempla la tutela de Washington y el control de la industria petrolera venezolana de manera indefinida.
En paralelo, el presidente Donald Trump afirmó en redes sociales que existe un acuerdo con Caracas por el cual Venezuela comprará exclusivamente productos fabricados en Estados Unidos con los fondos obtenidos por la venta de petróleo.
Durante una reunión con senadores en el Capitolio, realizada tras la captura del líder venezolano Nicolás Maduro y de su esposa el sábado pasado, Rubio detalló que la estrategia estadounidense se estructurará en tres fases: estabilización, recuperación y transición.
La primera etapa, centrada principalmente en el plano económico, estará enfocada en el sector petrolero y contará con la participación de empresas internacionales. Según explicó el funcionario, el plan prevé la confiscación y venta de entre 30 y 50 millones de barriles de crudo, cuya comercialización y administración de los fondos quedará bajo supervisión directa de Estados Unidos.
“Vamos a vender el petróleo a precios de mercado”, sostuvo Rubio, y agregó que los ingresos serán gestionados de forma controlada para evitar desvíos y corrupción. Además, remarcó que el objetivo es que los beneficios “no favorezcan al régimen”.
La segunda fase, denominada de recuperación, buscará impulsar la reconciliación política y social entre los venezolanos, mientras que la tercera etapa estará orientada a una transición institucional que incluirá un llamado a elecciones, aunque sin precisiones sobre plazos.
Rubio afirmó que Washington cuenta actualmente con “una capacidad de presión significativa” sobre las autoridades provisorias del país. En la implementación del plan también participará el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
Por su parte, el secretario de Energía, Chris Wright, señaló que Estados Unidos pretende mantener un control sostenido sobre la industria petrolera venezolana, incluyendo la supervisión de la venta del crudo “de ahora en adelante”. Las declaraciones fueron realizadas durante una conferencia energética organizada por Goldman Sachs.
Wright explicó que ese control permitiría influir en los cambios políticos y económicos que la Casa Blanca considera necesarios en Venezuela. Parte del petróleo a comercializar provendría de reservas acumuladas, producto de las restricciones impuestas por Washington que limitaron las exportaciones venezolanas en los últimos años.
Hasta el momento, no se precisó bajo qué marco legal Estados Unidos ejercerá la supervisión de las ventas. Desde la Casa Blanca indicaron que existe un acuerdo con las autoridades interinas venezolanas para avanzar con el esquema propuesto.
En ese sentido, la petrolera estatal PDVSA confirmó que mantiene negociaciones con Estados Unidos para la venta de crudo bajo “marcos comerciales similares” a los vigentes con compañías internacionales como Chevron.
La iniciativa generó división en el Congreso estadounidense. Mientras sectores del Partido Republicano respaldaron el plan, legisladores demócratas manifestaron reparos y advirtieron que la propuesta podría interpretarse como una apropiación de los recursos naturales venezolanos.
