El impacto se siente especialmente en los trabajadores que dependen del sistema para llegar todos los días a la Ciudad de Buenos Aires.
El sistema de transporte público del AMBA enfrenta uno de sus principales desafíos de los últimos años: cada vez menos personas utilizan colectivos, trenes y subtes, mientras que el costo de trasladarse representa una proporción mayor de los ingresos de los trabajadores.
Según pudo saber Notas de Actualidad, la situación fue analizada por la especialista María Migliore, quien explicó que el escenario actual combina varios factores: aumento de las tarifas, modificaciones en los hábitos de movilidad después de la pandemia, teletrabajo, cambios en la distribución de la población y dificultades en la frecuencia de los servicios.

Uno de los datos más significativos es el impacto económico que tiene trasladarse diariamente. Según el análisis presentado por Migliore, el gasto destinado a movilidad dentro de un salario promedio pasó del 12,6% al 15%.
Al mismo tiempo, la cantidad de pasajeros que utilizan los colectivos registró descensos que llegan hasta el 31%, dependiendo del servicio y del período analizado.
Subieron las tarifas, pero no mejoró el servicio
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Uno de los principales reclamos de los usuarios está relacionado con la diferencia entre el precio del boleto y la calidad del servicio.
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Durante los últimos meses aumentaron las tarifas de los distintos medios de transporte que conectan la Ciudad de Buenos Aires con el conurbano. Sin embargo, el incremento no estuvo acompañado por una mejora equivalente en la frecuencia, los tiempos de espera o la previsibilidad de los viajes.
De acuerdo con el análisis de Migliore, actualmente existe una menor circulación de colectivos y una reducción de la frecuencia de los trenes, mientras que varias líneas de subte también presentan peores indicadores si se comparan determinados períodos.
Esto genera un problema adicional para quienes deben viajar todos los días: no solamente deben pagar más, sino que también pueden necesitar más tiempo para completar sus recorridos.
Viajar al trabajo puede demandar dos horas por día
Para una parte importante de los trabajadores del AMBA, trasladarse hasta la Ciudad de Buenos Aires implica dedicar una cantidad considerable de tiempo a los viajes.
Según los datos analizados por la especialista, una jornada laboral habitual puede implicar aproximadamente dos horas diarias destinadas al traslado.
El problema no se limita al tiempo dentro del colectivo, tren o subte. Las demoras también pueden producirse durante las conexiones, las esperas en las estaciones y las interrupciones o cambios en los servicios.
En consecuencia, el transporte termina teniendo un impacto directo tanto sobre el bolsillo como sobre la organización cotidiana de millones de personas.
¿Por qué cayó el uso del transporte público?
La disminución de pasajeros no tiene una única explicación.
Uno de los factores centrales es el cambio en los hábitos de movilidad que se produjo después de la pandemia de coronavirus. El crecimiento del teletrabajo redujo algunos desplazamientos cotidianos, especialmente entre trabajadores que pudieron trasladar parte de sus actividades al hogar.
Pero también se produjo otro fenómeno: muchas personas modificaron el lugar donde viven. La expansión residencial hacia zonas más alejadas de los principales centros urbanos alteró los recorridos tradicionales y generó nuevas necesidades de conexión entre municipios.
El problema es que el crecimiento territorial no siempre estuvo acompañado por una expansión equivalente de la infraestructura y de las alternativas de transporte.
La caída de pasajeros en los colectivos llega al 31%
Los colectivos representan uno de los principales medios de movilidad para quienes viven en el conurbano y necesitan llegar a la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, algunos servicios registraron una caída de pasajeros de hasta 31%.
La reducción puede estar relacionada con distintos factores, entre ellos el precio del boleto, los cambios en los patrones laborales y la posibilidad de utilizar otras alternativas de movilidad.
Para quienes tienen automóvil, motocicleta u otras opciones, una mala frecuencia puede llevarlos a cambiar de medio de transporte. En cambio, para las personas que dependen exclusivamente del transporte público, esa posibilidad prácticamente no existe.
Por eso, el deterioro del sistema también puede convertirse en un factor de desigualdad social.
Las aplicaciones y el auto como alternativas
La transformación de la movilidad también se observa en el crecimiento de las plataformas digitales y de los servicios particulares. Para algunos usuarios, utilizar una aplicación de transporte o un vehículo privado puede representar una alternativa frente a las demoras del transporte público.
Sin embargo, esa posibilidad depende de la capacidad económica de cada persona. El crecimiento de estas alternativas también muestra otra realidad: personas con empleo formal, profesionales e incluso jubilados pueden recurrir a actividades vinculadas con plataformas para generar ingresos adicionales y compensar la pérdida de poder adquisitivo.
El problema de una ciudad que creció sin una red integrada
Otro de los factores señalados por Migliore es la expansión urbana de los últimos años.
El crecimiento de determinadas zonas del norte y del sur del Gran Buenos Aires modificó los patrones de desplazamiento. Cada vez más personas viven lejos de los centros tradicionales de empleo y necesitan combinar diferentes medios para llegar a destino.
Cuando esa expansión no está acompañada por una planificación integral, aumentan las distancias, las conexiones necesarias y los tiempos de viaje.
Por eso, uno de los desafíos centrales consiste en diseñar una red que no piense los colectivos, trenes y subtes como sistemas aislados, sino como partes de una misma estructura metropolitana.
Madrid y París, modelos para repensar el transporte del AMBA
Frente a este escenario, una de las alternativas planteadas es avanzar hacia un modelo de transporte más integrado.
Ciudades como Madrid y París cuentan con sistemas en los que colectivos, trenes, subterráneos y otros medios funcionan dentro de una planificación común, facilitando las conexiones entre distintas zonas.
Para el AMBA, implementar un esquema de esas características requeriría inversiones importantes y una coordinación entre las diferentes jurisdicciones involucradas.
También sería necesario revisar la estructura tarifaria, mejorar las frecuencias y generar incentivos para que los usuarios puedan elegir el transporte público como una alternativa eficiente frente al automóvil.
El gran desafío: recuperar pasajeros y mejorar el servicio
El escenario actual plantea una paradoja: el transporte público necesita recuperar pasajeros, pero para hacerlo debe ofrecer un servicio que resulte conveniente, confiable y accesible.
Los aumentos de tarifas por sí solos no garantizan una mejora en la calidad del sistema. Al mismo tiempo, una reducción constante de pasajeros puede afectar los ingresos y complicar todavía más la sustentabilidad de determinadas líneas y servicios. La discusión sobre el transporte del AMBA, por lo tanto, excede el precio del boleto.
También involucra el tiempo que las personas pasan viajando, la calidad de las conexiones, la frecuencia de los servicios, la expansión urbana y las desigualdades entre quienes pueden elegir cómo trasladarse y quienes dependen obligatoriamente del sistema público.
El desafío para las autoridades será encontrar un equilibrio que permita mejorar la calidad del transporte, sostener tarifas accesibles y recuperar la confianza de los usuarios.
Porque para millones de personas del Área Metropolitana, viajar no es una elección: es la única manera posible de llegar todos los días al trabajo, estudiar o acceder a servicios esenciales.
