¿Sale el sol tras la tormenta cambiaria?

Los nubarrones de incertidumbre que cubrieron las últimas semanas el cielo económico de la Argentina parecieron desaparecer en las últimas horas luego de que se anunciaran nuevas medidas económicas.


Por Miguel Ángel Rouco

Los nubarrones de incertidumbre que cubrieron las últimas semanas el cielo económico de la Argentina parecieron desaparecer en las últimas horas luego de que se anunciaran nuevas medidas económicas.

La serie de yerros propios y ajenos que desnudaron nuevamente la vergüenza de la clase política argentina parece quedar en las sombras tras el apoyo anunciado por el gobierno del presidente Donald Trump.

La expectativa por un eventual soporte del Tesoro de los Estados Unidos al programa económico del presidente Javier Milei corrigió la tendencia de las últimas semanas y permitió que los inversores se mostraran más confiados, volviendo a adquirir activos argentinos. En esta línea, el anticipo del secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, ofició como un disparador para que se recompusiera la confianza.

El apoyo no es menor. Se trata de un decisivo respaldo de la Casa Blanca y de la administración Trump al gobierno argentino y considerarlo como un “aliado estratégico”.

Bessent sostuvo que cualquier acción de apoyo por parte de los Estados Unidos para estabilizar la moneda argentina será grande y contundente. Los EE.UU. están “dispuestos a hacer lo necesario para apoyar a la Argentina”.

Esos fondos permitirían a Washington asegurarse un respaldo diplomático muy grande a la hora de pronunciarse en cuestiones tan delicadas como el conflicto de Oriente Medio, tanto con Hamas como con los rebeldes Houtíes y con el régimen teocrático de Irán, principal sostén financiero y militar de esos grupos guerrilleros.

Bessent se mostró enfático y anticipó que también otros países podrían participar del paquete financiero para dar sostenibilidad al programa económico. El funcionario de la Casa Blanca puntualizó que, tras hablar con la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, se acordó que no habrá nuevas exigencias para la Casa Rosada y que el programa con el organismo se mantiene inalterable.

El decisivo apoyo de la administración Trump dejó sin argumentos a todo el enjambre opositor y a aquellos que soñaron por un momento con un helicóptero sobrevolando la Plaza de Mayo y romantizaron la vuelta de la inflación. La mejora en las variables financieras fue evidente y está claro que los inversores esperan ahora señales claras desde Nueva York, cuando los presidentes Javier Milei y Donald Trump se vean las caras en una cumbre bilateral, durante la Asamblea Anual de las Naciones Unidas.

Los mercados mostraron una notable mejora luego de los anuncios, al punto tal que el riesgo país, que había cerrado el viernes en 1.515 puntos, se ubicó por debajo de los 1.100 puntos básicos. Los bonos soberanos alcanzaron mejoras superiores al 20%, mientras que las acciones medidas en dólares registraron un avance por encima del 17%.

La otra medida que despertó más tranquilidad fue el incentivo que recibieron los exportadores de alimentos cuando se conoció un decreto que elimina las retenciones a las exportaciones realizadas antes del 31 de octubre próximo. La medida apunta a que los productores y los exportadores puedan vender los stocks que guardaban en silo bolsas ante la corrida cambiaria.

La audacia de la medida busca estimular el ingreso de divisas en un contexto de tensión cambiaria. Como requisito, los exportadores deben liquidar al menos el 90% de las divisas provenientes de operaciones dentro de los tres días hábiles siguientes a la presentación de la Declaración Jurada de Ventas al Exterior (DJVE).

El decreto establece una alícuota del derecho de exportación en 0% para las mercaderías de granos y subproductos incluidos en el anexo del mismo. Esta medida tiene vigencia hasta el 31 de octubre de 2025, o hasta que se registren DJVE por un monto total de u$s7.000 millones, lo que ocurra primero.

Fuentes consultadas explicaron que estas son apenas dos de las primeras medidas que implican una reversión de la política monetaria y cambiaria aplicada hasta ahora y que tiende a asegurar que el superávit fiscal no se negocia y que la inflación no solo está controlada, sino que apunta a ser menor al 10% durante el año próximo, más allá de la tormenta cambiaria del final del invierno.

Con salarios que apenas se mueven y con altas tasas de interés, a los formadores de precios no les quedará otra que retrotraer los valores a niveles anteriores a agosto pasado.

Aún queda mucho camino por delante y muchos problemas por resolver. Ahora resta abordar las reformas estructurales, y para eso es necesario afrontar la contienda electoral. Hay dos modelos en pugna: los “románticos del fracaso” frente al avance de las nuevas generaciones, que pugnan por vivir en un país económicamente normal y sin el virus inflacionario.

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