El despliegue sin precedentes de 2500 agentes en busca de los miembros del grupo criminal dejó un saldo de más de 120 muertes y 81 arrestos, causando gran conmoción en el país.
Un despliegue sin precedentes de 2.500 agentes recorrió los barrios de Penha y Alemão en busca de miembros del Comando Vermelho (CV), considerado uno de los grupos criminales más peligrosos del país.
La serie de redadas terminó con 64 personas muertas —incluyendo cuatro policías— y 81 arrestos, dejando a la población en un estado de conmoción y temor ante posibles represalias.
De la cárcel a la red criminal
El Comando Vermelho surgió en la década del 70, en la prisión de Cándido Mendes, situada en Ilha Grande. Originalmente, era una alianza entre presos comunes y militantes de izquierda detenidos durante la dictadura militar, que buscaban resistir las condiciones inhumanas del penal y protegerse mutuamente bajo el lema “Paz, Justicia y Libertad”.
Con el tiempo, el grupo abandonó su objetivo político y se volcó al crimen organizado. Durante los años 80, varios integrantes escaparon de la cárcel y se asentaron en las favelas de Río de Janeiro, desde donde comenzaron a financiar actividades ilícitas, como robos y secuestros, para sostener a los presos y consolidar su estructura. La llegada de los cárteles colombianos convirtió al CV en un actor clave en el tráfico de cocaína.
Poder y expansión
A mediados de los años 90, el Comando Vermelho controlaba casi todas las favelas de la ciudad, según Insight Crime, y había extendido su influencia a otros estados brasileños.
Entre sus líderes más conocidos están Luiz Fernando da Costa, alias “Fernandinho Beira-Mar”, preso desde 2001; Isaias da Costa Rodrigues, “Isaias do Borel”, liberado en 2022; y Edgar Alves Andrade, alias “Doca”, actualmente prófugo y altamente buscado.
Aunque la presión de las autoridades y la aparición de grupos rivales redujeron su poder, la organización mantiene una estructura sólida, con unos 30.000 miembros activos estimados en 2020.
La operación reciente expuso nuevamente la capacidad del CV para desafiar al Estado, recordando que medio siglo después de su creación sigue siendo una amenaza latente para la seguridad de Río de Janeiro.
