Desde América Latina hasta Europa, el modelo de seguridad impulsado por Nayib Bukele gana adeptos entre dirigentes de derecha.
Las megacárceles construidas por el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, se han transformado en uno de los símbolos más visibles de su política de seguridad y en una referencia cada vez más frecuente para líderes de derecha y extrema derecha en distintas partes del mundo.
Según pudo saber Notas de Actualidad, la estrategia de “mano dura” aplicada por el mandatario salvadoreño, basada en detenciones masivas, militarización de la seguridad y el encarcelamiento de miles de presuntos pandilleros, ha despertado admiración entre dirigentes políticos que buscan respuestas rápidas frente a la inseguridad y el crimen organizado.

El modelo Bukele gana terreno en América Latina
En Colombia, el dirigente derechista Abelardo de la Espriella prometió durante la campaña presidencial la construcción de siete megacárceles inspiradas en el modelo salvadoreño.
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En Perú, Keiko Fujimori también propuso impulsar cuatro nuevos penales y un megapenal de máxima seguridad similar al Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot), la prisión emblemática de Bukele destinada a albergar a miles de integrantes de pandillas.
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La influencia del mandatario salvadoreño no se limita a la región. En Francia, Jordan Bardella, presidente del partido de extrema derecha Rassemblement National, citó recientemente el caso de El Salvador al debatir sobre la crisis penitenciaria y el hacinamiento en las cárceles francesas.
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Por qué resulta atractivo para la derecha radical
Analistas coinciden en que el principal atractivo del llamado “modelo Bukele” es la percepción de resultados inmediatos en materia de seguridad.
Durante los últimos años, El Salvador pasó de ser considerado uno de los países más violentos del mundo a registrar una fuerte reducción en los índices de homicidios. Las imágenes de miles de detenidos en cárceles de máxima seguridad y los operativos masivos contra las pandillas reforzaron la imagen de un Estado capaz de recuperar el control del territorio.
Para muchos dirigentes políticos, especialmente en contextos donde la inseguridad ocupa un lugar central en la agenda pública, la experiencia salvadoreña representa un ejemplo de liderazgo fuerte y decisiones rápidas.
Sin embargo, especialistas advierten que detrás de esos resultados existe un contexto político e institucional particular.
La investigadora Sonja Wolf sostiene que el modelo no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de la seguridad, sino también desde la consolidación del poder político. Según explica, el régimen de excepción vigente en El Salvador ha permitido al gobierno mantener altos niveles de popularidad mientras concentra poder y reduce los controles institucionales.
Las críticas por derechos humanos
Las principales organizaciones internacionales de derechos humanos han cuestionado duramente la estrategia de Bukele.
La organización Cristosal denunció que miles de personas fueron detenidas sin pruebas suficientes durante el régimen de excepción implementado desde marzo de 2022.
Por su parte, Human Rights Watch documentó denuncias de torturas, malos tratos, detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, además de advertir sobre el debilitamiento de las instituciones democráticas y las garantías judiciales.
Expertos de Naciones Unidas también señalaron que las detenciones prolongadas sin acceso a asistencia legal ni revisión judicial podrían constituir graves violaciones al derecho internacional.
Qué ocurrió en los países que intentaron copiar el modelo
Ecuador es uno de los casos más citados por quienes cuestionan la exportación del modelo salvadoreño.
Desde la llegada al poder de Daniel Noboa, el país implementó medidas similares, incluyendo estados de excepción, militarización de la seguridad y proyectos para construir cárceles de máxima seguridad.
Sin embargo, los resultados estuvieron lejos de replicar la experiencia salvadoreña. La violencia continuó aumentando y la tasa de homicidios alcanzó niveles récord, convirtiendo a 2025 en uno de los años más violentos de la historia reciente ecuatoriana.
Honduras también avanzó con políticas de mano dura, estados de excepción y una mayor participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad. A pesar de ello, sigue figurando entre los países más violentos de América Latina y no logró una reducción sostenida de los homicidios comparable a la registrada en El Salvador.
Un modelo difícil de replicar
Especialistas consideran que el éxito del esquema aplicado por Bukele responde a factores políticos, sociales e institucionales específicos de El Salvador, lo que dificulta su reproducción en otros países.
Además, sostienen que muchas de las medidas asociadas al modelo implican costos elevados en materia de derechos humanos, independencia judicial y calidad democrática.
Mientras algunos gobiernos ven en las megacárceles una herramienta efectiva contra el crimen organizado, otros advierten que la reducción de la violencia no debería lograrse a costa del debilitamiento de las instituciones y las garantías fundamentales.
El debate sobre el llamado “modelo Bukele” continúa creciendo en distintos países y promete seguir ocupando un lugar central en las discusiones sobre seguridad pública en América Latina y Europa.

