Los ruidos con el FMI, los límites de Bessent y la furia de Cristina

En Washington quieren ver cómo cumple Milei con los compromisos pactados. Los informes de Wall Street sostienen que existe cierto malestar en la Casa Blanca.


Por Marcelo Bonelli para Clarín

El equipo de auditores del FMI está inquieto con Argentina. La gente del británico Nigel Chalk elaboró un “memo” interno criticando la decisión de Toto Caputo de no cumplir con la meta pactada de aumentar las reservas. Encima, la frustración aumentó cuando Santiago Bausili se vanaglorió: “No podemos acumular reservas a cualquier costo”. Los técnicos se sienten defraudados y es por una cuestión: “los Totoboys” se habían comprometido en los documentos públicos a hacer lo contrario.

Hoy, el desvío de la meta es mayúsculo: la friolera de U$S 8.000 millones. Ahora, encima, existen otras dos metas comprometidas, como adelantó Clarín: la monetaria e incluso el promocionado superávit fiscal. Se conoce que “Toto” va a utilizar todo tipo de cosmética contable para dibujar el ambicioso cierre pactado con el Fondo.

En la intimidad de Economía se “mofan” de los reclamos del staff del FMI. Y también ironizan por los reclamos de Washington por el atraso cambiario. Ayer, Caputo lo hizo en público. En las redes sociales se burló: “Primer caso en el mundo de un programa económico con cantidades exportadas a niveles récord, con tipo de cambio atrasado”. Fue otra “canchereada” contra los que advierten por el dólar y lo endeble de las reservas. Fue un Exocet destinado a economistas domésticos, la UIA productiva y los auditores del FMI. El desprecio a esas advertencias del FMI obedece al inusual apoyo de Scott Bessent. Caputo siente que tiene “carta blanca” del Tesoro de EE.UU.

Por eso, los “Totoboys” insisten en que Kristalina Georgieva estará obligada a otorgar los “waiver” que sean necesarios a la Argentina. Para la Casa Rosada nada va a afectar las “relaciones carnales”. Pablo Quirno lo dejó colgado de un pincel a Federico Pinedo en el G-20 para cumplir con el deseo de Washington.

Pero ese apoyo de la Casa Blanca tuvo algunos cortocircuitos en las últimas semanas. Se mantiene, es sólido y estratégico, pero varios hechos demostraron que tiene límites. Ocurrió con el préstamo de U$S 20.000 millones que Caputo negoció con los bancos internacionales y después tuvo que desconocer para evitar un papelón.

Hace dos semanas Clarín – en la edición del viernes 14 de noviembre – anticipó que los banqueros de Manhattan exigían una “garantía extraordinaria” del Tesoro de los EE.UU. y que, por eso, “la publicitada transacción sufre inconvenientes y los banqueros internacionales están reacios a concretarla”.

La cuestión provocó el enojo de Caputo. “Toto” les reprochó a los inversores en una reunión secreta del JP Morgan. Ahora en Wall Street se comenta que Bessent no avaló esa “garantía extraordinaria” y por lo tanto se cayó el multimillonario préstamo.

Los “lobos” de Manhattan sostienen que Bessent no acompañó la operación por una cuestión: las críticas y ataques internos que tiene el salvataje de EE.UU a la Argentina. Así, Bessent – y Donald Trump – quisieron evitar una imprudente “sobreactuación”. Ahora se negocia un préstamo “repo” de U$S 5.000 millones solo con garantía de títulos argentinos. En Washington quieren ver cómo cumple Javier Milei los compromisos pactados. Los informes secretos de Wall Street sostienen que existe malestar en la Casa Blanca porque Milei no instrumentó un pedido concreto: ampliar los apoyos, buscar consensos y reflejar eso en su gabinete.

Primero, Javo le tiró “flit” a un acuerdo con Mauricio Macri. El ex presidente tiene una historia cercana a Trump y canales con la Casa Blanca. Encima, Jorge Macri y “Toto” están a los tiros por la coparticipación. Hay diferencias de fondo. Después, Milei convocó figuras que no dieron ninguna amplitud al actual gabinete. Sus nombres se encerraron en torno a su “Hermanísima”.

La única excepción fue Diego Santilli. El “Colo” hace una tarea titánica con los desconfiados gobernadores. Los mandatarios quieren ver para creer los compromisos de Santilli. El ministro – a diferencia de Guillermo Francos- tomo una precaución para no quedar pagando: consulta con Karina y después avanza. Ya Santilli sufrió los avatares de la interna libertaria. Los “Menem” le quieren marcar la cancha.

Esas internas provocaron un bochornoso episodio con el jefe de la SIDE. Sergio Neiffert se dio vuelta como una media: para aferrarse a su cargo se hizo ultra-karinista y ya no responde los teléfonos del Pibe Caputo.

El tío, “Toto”, también tiene sus discusiones. Pero son con el Presidente y sobre el manejo del billete. Milei quiere que el BCRA no adquiera dólares, para que la cotización se mantenga baja. Toto estaría dispuesto a hacer que fluya el billete.

Javo pretende – con su decisión – ponerle un techo a la inflación. En Olivos ven que los precios no aflojan y tampoco acompañan sus teorías monetarias: hace tiempo que la inflación está en aumento y se resiste a perforar el 2%. Por eso, el Presidente “erró” sus últimos pronósticos. Había prometido inflación cero para el último agosto.

También la Casa Rosada se equivocó fiero con las proyecciones de reanimación económica. Milei se ufanaba con esta grosera frase: “la actividad va a crecer como pedo de buzo”.

Pero nada de eso ocurrió. Ayer, Marco Lavagna tuvo que salir a explicar por qué el INDEC recalculó cifras para evitar una noticia catástrofe: que la economía entraba técnicamente en recesión. Lo cierto es que la actividad productiva no repunta. La tenue remontada de septiembre obedeció – básicamente – a la actividad financiera y al rubro “cobro de impuestos del Estado”.

Ayer, Carlos Rodríguez – el “enfant terrible” de los economistas – fue contundente: “los datos hablan por sí solos. Así no se hace un país”.

La actividad fabril continúa sin rumbo. Viene en un tobogán y la UIA alertó: en octubre retrocedió otro 2%. Paolo Rocca alertó y mandó un Exocet: “Argentina necesita una política industrial”. Fue un mensaje directo a la Casa Rosada. El dúo Milei-Caputo evita utilizar la palabra crecimiento.

Encima, la ola importadora impacta fuerte. El modelo ya se cobró dos firmas fuertes: Whirlpool y Cramaco, y otras 800 pymes. Hay fuerte movimiento entre los “popes” empresarios. La comidilla es lo que ocurre en el influyente estudio Bruchou & Funes del Rioja. Dicen que el legendario fundador Enrique Bruchou fue desplazado y ahora “Nete” – así le dicen – reclama desde Punta del Este que retiren su apellido y le cambien el nombre a la famosa consultora. También llama la atención José Luis Manzano. Afirman que habló con Milei – en Miami – para adueñarse de AySa.

Milei tiene dos virtudes políticas. El apoyo de Trump y una oposición golpeadísima. Las precisiones sobre corrupción en el juicio de los cuadernos revuelven el estómago. Pero Cristina sigue – como si nada pasara – para adelante. Ahora tiene una obsesión: amputarle la carrera política a Axel Kicillof.

En su prisión domiciliaria mantuvo – muchas a espalda de los jueces – varias reuniones donde “lapidó” a Kicillof. Primero aclara: “Quiero que sepas que no es mi candidato”. Y después lo fulmina: “Yo lo voy a enfrentar. Mi candidato a la presidencia es Gerardo Zamora”. Actúa con bronca y fastidio. Empieza a los gritos e insulta cuando le comentan que Axel busca alianzas para destronar a Máximo en PBA.

Milei disfruta tanto alboroto. Pero en la Casa Rosada hay ruido. Se trata de una investigación del juez Sebastián Casanello. Metió sus narices en la intervención de la obra social de la Uatre. Pero sorprendió a todos esta semana. Hubo un pedido oficial para auditar una decena de celulares. Entre ellos: el de Julio Cordero, el influyente secretario de Trabajo.

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