Entre la baja de la inflación y el impacto en la actividad, distintos sectores enfrentan un proceso de adaptación tras el final de un esquema sostenido por prebendas y mercados cerrados.
Por Miguel Ángel Rouco
El presidente Javier Milei dejó en claro y sin rodeos que la prioridad en el corto plazo es la baja de la inflación a niveles cercanos al 10% anual.
Tal vez, en un exceso de optimismo se animó a proyectar un índice de precios al consumidor mensual que comience con el dígito cero para agosto próximo.
De cualquier forma, el Jefe del Estado enfatizó que a partir del segundo trimestre, la inflación mensual en la Argentina bajará marcadamente, situándose en los niveles previos a la crisis financiera del año pasado.
Sin embargo, la sensación en la población es que la economía no crece, la actividad económica se desploma y que el desempleo está creciendo, utilizando el caso Fate como emblema de la protesta.
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La diferencia de enfoque es el punto de atención hacia donde va dirigida la crítica y desde donde se expresan esas críticas.
La economía, en un año de crisis como 2025, creció casi 4,5%. ¿Cómo se explica entonces, que los críticos señalan que la economía no crece?
Es una visión de perspectiva.
Los críticos pertenecen a un modelo que se movió a partir de prebendas y ventajas otorgadas por el político de turno y que mediante la corrección por precios, tapó sus enormes deficientes en su estructura de costos.
Hoy, no existen esas prebendas y la competencia le ganó el mercado sea con eficiencia o por cambio de hábitos.
El caso Fate es un indicador. Los problemas en la estructura de costos de la empresa la llevaron a trabajar en el marco de un procedimiento de crisis desde 2019, aun con las enormes ventajas otorgadas por el kirchnerismo.
La empresa corregía vía precios sus deficiencias y merced a un mercado cerrado por los altos aranceles, podía sobrevivir. Ahora, ya no.
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Otra crítica. Hay caída en las ventas minoristas y cierre de comercios. Hay un fuerte cambio de hábitos de consumo y lo que se consumía y las formas de consumo cambiaron. Los que no se adaptaron, debieron cerrar sus puertas. Quienes sí lo hicieron, ganaron terreno y subieron las ventas.
El caso Mercado Libre (MELI) es un indicador. Una empresa que vive constantemente innovando sus formas de penetración en el mercado y mejorando su eficiencia. Hoy los compradores, en especial, las generaciones jóvenes, cambiaron sus formas de consumo y prefieren el comercio electrónico en lugar del comercio físico. El resultado es que MELI facturó en su último ejercicio un 40% más y vendió un 40% más en volumen físico de mercaderías.
Otro tanto, son las exportaciones que si bien aún son insuficientes para un país como la Argentina, alcanzaron un tope histórico en 2025, merced a una mejora y aumento de la producción y a que el gobierno, gracias a una disciplina fiscal dura, le quitó la enorme mochila de las retenciones que había colocado el kirchnerismo. La respuesta de los exportadores es de un aumento en el volumen físico de ventas, tanto del agro como de la industria.
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Es una economía que se va extinguiendo en su propio pantano de ineficiencia y alimentada por la corrupción del modelo kirchnerista, para dejar paso a una economía mucho más eficiente.
El problema es la transición de uno a otro modelo y eso es lo más difícil.
