La historia del criminal capturado en Bolivia tuvo un capítulo poco común en el fútbol profesional de Paraguay y Bolivia: cómo utilizaba el dinero del narcotráfico para financiar los clubes.
La historia del narcotraficante uruguayo Sebastián Marset tiene un capítulo poco común incluso dentro del mundo del crimen organizado: llegó a jugar al fútbol profesional financiando su propia carrera. Durante años utilizó el dinero proveniente del narcotráfico para integrarse a planteles y disputar partidos oficiales, en una trayectoria tan insólita como polémica.
El caso volvió a quedar en el centro de la escena tras su reciente captura en Bolivia, luego de un operativo policial realizado en Santa Cruz de la Sierra. El arresto puso fin a una extensa búsqueda internacional que lo tenía como uno de los narcotraficantes más buscados de Sudamérica.
Antes de su detención, Marset era intensamente buscado por Interpol desde 2022, cuando se activó una circular roja en su contra por lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Las investigaciones señalaban que manejaba millones de dólares a través de diferentes negocios, entre ellos concesionarios de automóviles de lujo y equipos de fútbol.
La insólita etapa como futbolista en Paraguay
Uno de los episodios más llamativos ocurrió en 2021, cuando Deportivo Capiatá incorporó a su plantel a un jugador de 31 años completamente desconocido en el ambiente del fútbol: Sebastián Marset.
Su llegada llamó la atención desde el primer momento. Según relataron en el club, apareció conduciendo un Lamborghini color plata y rápidamente se quedó con la camiseta número 10 del equipo.
En el campo de juego su nivel estaba muy lejos del de sus compañeros profesionales. Sin embargo, el entonces entrenador Jorge Núñez lo incluía dentro del equipo titular por un motivo clave: Marset había financiado al club.
«El Mencho»: el narco más poderoso y peligroso que Pablo Escobar
El uruguayo pagó para formar parte del plantel y, además, aportaba dinero para cubrir los sueldos de los jugadores y de otros empleados de la institución. Esa inyección económica permitió que siguiera jugando a pesar de los cuestionamientos internos.
Según trascendió, varios futbolistas llegaron a pedirle al entrenador “por favor no lo ponga más”. Aun así, continuó siendo parte del equipo e incluso fue protagonista de uno de los momentos más recordados de aquella campaña: erró un penal que se fue varios metros por encima del travesaño en una temporada que terminó con el descenso del club a la tercera división.
En medio de la presión policial internacional, un día dejó de presentarse a los entrenamientos. En un primer momento nadie se sorprendió demasiado, porque solía ausentarse con frecuencia, pero desde entonces nunca volvió a aparecer en Paraguay.
Su paso por el fútbol boliviano bajo otra identidad
La desaparición de Paraguay no significó el final de su aventura futbolística. En 2023, Marset volvió a aparecer en una cancha, esta vez en Bolivia.
Se incorporó al club Los Leones El Torno FC, que competía en la liga del departamento de Santa Cruz. Allí utilizó una identidad falsa: Luis Amorím.
Repitió la misma fórmula que había aplicado en Paraguay: aportar una importante cantidad de dinero al club a cambio de integrar el plantel.
En esa etapa no utilizó la camiseta número 10, sino la 23, en homenaje a su ídolo futbolístico, David Beckham.
Al igual que en su paso anterior, desapareció repentinamente y nadie volvió a verlo en el club. Sin embargo, esta vez el episodio tuvo consecuencias institucionales: la Asociación Cruceña de Fútbol decidió suspender a Los Leones El Torno por “mala inclusión y legalidad de sus futbolistas”.
Años después de aquellos episodios, la captura de Marset en Bolivia cerró parcialmente una historia que mezcló narcotráfico, dinero y fútbol profesional, en uno de los casos más insólitos que se recuerden en el deporte sudamericano.
