La increíble transformación de los animales de Chernobyl: cómo evolucionó la fauna tras el desastre nuclear

Los perros y lobos de Chernobyl desarrollaron mutaciones únicas que les permiten resistir la radiación; descubre cómo lo lograron y los avances de la ciencia.


 Se suele decir que lo que no mata te hace más fuerte, y así lo demuestra la naturaleza. Tras la catástrofe de la explosión de Chernobyl, Ucrania, hace casi 40 años, el gen canino habría evolucionado en la zona. Lobos y perros que viven en los alrededores, expuestos durante décadas a la radiación, desarrollaron una resistencia natural al cáncer.

Y dos especies en particular parecen haber prosperado: los lobos y los perros. Lo más asombroso no es solo que hayan resistido a la exposición constante a una radiación que habría matado a cualquier persona, sino que esto incluso les ha permitido desarrollar un gen canino resistente al cáncer.

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Supervivientes de una catástrofe

En 2014, la bióloga Cara Love y su equipo de la Universidad de Princeton viajaron a la zona de exclusión de Chernobyl para tomar muestras de sangre de la población de lobos y equipar a algunos con collares GPS. El objetivo era investigar la respuesta evolutiva de esta especie a la radiación tan fuerte que emana de la central, a pesar del sarcófago de hormigón en suyo interior está encerrado el reactor 4.

Uno de los efectos más nocivos de la radiación es su efecto cancerígeno. Sin embargo, Love y su equipo descubrieron no solo que los lobos no sucumbían al cáncer, sino que han mutado su genoma para volverse más resistentes a las diversas formas de esta enfermedad. Las investigaciones se realizaron con muestras tomadas antes del inicio de la pandemia por COVID-19 y no pudieron reanudarse a causa de la guerra con Rusia.

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Este fenómeno se ha observado también en algunos de los cientos de perros asilvestrados que rondan por la zona de exclusión, algo no tan sorprendente si se considera que el perro (Canis lupus familiaris) es técnicamente una subespecie de lobo (Canis lupus). Entre 2017 y 2019 se realizaron análisis genéticos a algunos de estos perros y se comprobó que su genoma tenía partes que habían mutado respecto al resto de individuos de su especie.

Estos perros y lobos están expuestos a una radiación promedio de 11,28 milirems diarios. Para hacerse una idea de ello, esto es más de seis veces la cantidad máxima autorizada para los trabajadores que están expuestos a la radioactividad, incluso llevando equipos de protección. Además, los animales de Chernobyl están expuestos a dicha radiación de forma constante, mientras que a los trabajadores se les obliga a tomar descansos para evitar la exposición prolongada.

Lobos Chernóbil 1 (Film Studio Aves)

Los lobos se han convertido en el depredador alfa de la zona de exclusión de Chernobyl. Prosperan incluso más que en varios parques naturales del este de Europa. Se desconoce en qué momento empezó a mutar el genoma de estos animales y cuán rápido ha sido este cambio, pero los resultados son claros: 38 años viviendo expuestos a la radiación han tenido un efecto drástico en las poblaciones de lobos y perros de Chernobyl, que a pesar de no diferenciarse en aspecto del resto de su especie, son auténticos “mutantes” resistentes al cáncer. Eso no quiere decir que sean completamente inmunes, pero sí que tienen muchas menos probabilidades de sufrirlo o, si lo hacen, de sobrevivir a él.

Cómo ha mutado el genoma de los animales de Chernobyl

Lo que Love y su equipo han observado es que estos cambios en el genoma han alterado el sistema inmunitario de los animales de una forma similar a la radioterapia que se aplica en los pacientes de cáncer. Lo más interesante es que un efecto secundario de la radioterapia es que atenúa la actividad del sistema inmunitario, haciendo a los pacientes más sensibles a las infecciones después del tratamiento.

Pero los lobos y perros asilvestrados, a pesar de vivir expuestos a un ambiente con mayor riesgo de infección, no parecen sufrir por ello. De hecho, la densidad de lobos en la zona de exclusión es mayor que en otras áreas, incluso más que en varios parques naturales. Resulta evidente que estos animales han desarrollado una resistencia inusitada a los efectos de la radiación. Lo más importante, y también más complicado, es averiguar cómo y por qué.

Esta resistencia resulta especialmente notable en el caso de los lobos porque se encuentran en la cima de la cadena alimentaria. No solo están soportando la radiación que ellos mismos absorben: también están comiendo otros animales “contaminados” por la radiación que, a su vez, se han alimentado de plantas que han crecido bajo condiciones radioactivas. De no contar con esta protección genética, sería imposible que pudiesen prosperar de este modo.

Perros Chernóbil 6 (Sybille Reuter)

Los perros asilvestrados de Prípiat no parecen tener problema alguno viviendo en el recinto mismo de la central nuclear. En la misma zona también rondan centenares de perros asilvestrados, descendientes de las mascotas que quedaron atrás durante la evacuación precipitada de 1986. En condiciones normales, unos perros asilvestrados que hubieran tenido que sobrevivir en un entorno deshabitado habrían tenido grandes dificultades para prosperar; en cambio, lo que ha sucedido es todo lo contrario. Algunos de los perros de los que tomaron muestras incluso vivían dentro del recinto de la central nuclear abandonada, donde la radiación es muy alta a pesar del sarcófago que aísla el reactor 4.

La teoría de Love y su equipo es que estos lobos y perros están pasando por una especie de proceso acelerado de selección natural; es decir, que entre las generaciones que vivieron durante e inmediatamente después del accidente nuclear, algunos individuos tenían una mutación que les hacía más resistentes: estos fueron los que sobrevivieron y transmitieron sus genes a sus descendientes, que ya contaban con una protección natural que podría haberse hecho más fuerte de una generación a otra.

 

De hecho, un estudio reciente de la Universidad de California en Davis logró identificar un gen particular que parece estar relacionado con una mayor resistencia al cáncer en perros: se trata de una variante específica del gen ERBB4/HER4. La investigación se llevó a cabo analizando el ADN de unos 300 golden retriever, una de las razas caninas más propensas a sufrir cáncer: se descubrió que los individuos que tenían esta variante concreta superaban los 14 años de edad, el equivalente a un 15 o un 20% más de la esperanza de vida promedio de esta raza.

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