Solo el 67,85% del padrón emitió su voto en las elecciones legislativas, lo que representa uno de los niveles más bajos de asistencia desde el retorno a la democracia.
La jornada electoral de hoy dejó una cifra preocupante: solo el 67,85% del padrón participó de los comicios, lo que representa uno de los niveles más bajos de asistencia desde 1983. En consecuencia, 11.570.024 electores decidieron no votar, sobre un total de 35.987.634 personas habilitadas.
El dato, difundido oficialmente apenas finalizado el escrutinio, confirma una tendencia descendente que se viene registrando en los últimos años y que ya se había evidenciado en las diez provincias que desdoblaron sus elecciones. En seis de ellas, la concurrencia ni siquiera superó el 60%. En Chaco, por ejemplo, la mitad del electorado no participó en los comicios provinciales del 11 de mayo.
Causas del bajo nivel de participación
Analistas y consultores políticos coinciden en que el malestar social y el deterioro económico fueron los principales factores detrás del récord de ausentismo. A ello se suman la desconfianza en las instituciones, la falta de propuestas representativas, la percepción de corrupción en la clase política y la sensación de que el voto no genera cambios reales. También influyeron el cansancio ante campañas polarizadas, la proliferación de noticias falsas y el desencanto por promesas incumplidas.
Históricamente, el promedio de participación desde la implementación de las PASO en 2011 fue del 77%, con un piso del 72% en las legislativas de 2021, año marcado por las secuelas de la pandemia. En aquel entonces, la asistencia fue dispar: Salta registró el 63% (la más baja) y Tucumán alcanzó el 80% (la más alta). En 2023, todos los distritos superaron el 70%: Santa Cruz tuvo el menor registro (72,71%) y nuevamente Tucumán lideró con el 83%.
En cuanto al voto en blanco, los especialistas prevén un incremento, aunque su promedio histórico en elecciones generales ronda el 3%.
Qué pasó en las provincias que desdoblaron
Según una proyección elaborada por la Escuela de Gobierno de la Universidad Austral, se esperaba para estos comicios una participación cercana al 67%, con un piso del 65% y un techo del 69%.
Los antecedentes provinciales confirmaron esa tendencia: en las diez elecciones legislativas realizadas entre abril y septiembre, seis distritos no superaron el 60% de participación. Los valores fueron los siguientes: Corrientes (70,95%), Jujuy (68,1%), Formosa (65,8%), Buenos Aires (60,98%), San Luis (59,8%), Salta (57,8%), Misiones (55,4%), Santa Fe (55,4%), CABA (53,3%) y Chaco (52,3%).
En conjunto, de 25,5 millones de personas empadronadas en esas provincias, votaron 15,1 millones, lo que implica que 10,3 millones se ausentaron. El caso más significativo fue el de la provincia de Buenos Aires, que concentra el 37% del padrón nacional: 5,5 millones de bonaerenses no fueron a votar en las elecciones de septiembre, donde la asistencia fue de apenas 60,98%.
En la Ciudad de Buenos Aires, la situación fue aún más marcada: casi la mitad del padrón (1,4 millones de personas) se abstuvo de votar en mayo.
Una tendencia en retroceso
El análisis histórico muestra que, tras el retorno de la democracia, la participación electoral superaba el 85% entre 1983 y 1989, se mantuvo alrededor del 82% en los años ‘90 y siguió siendo alta hasta 2015. Desde entonces, salvo en 2019 —cuando se alcanzó el 80%—, la concurrencia nunca volvió a superar ese techo.
Los números de hoy confirman una tendencia que preocupa: cada vez más argentinos eligen no ir a las urnas, reflejando un vínculo debilitado entre la ciudadanía y la dirigencia política.
