Fue figura de Rosario Central, hoy trabaja de albañil y juega torneos amateurs

Hernán Encina integra “Los de siempre”, un equipo que disputa torneos de veteranos en el parque Regional Sur y otras canchas de Rosario.


Hernán “Sapito” Encina, histórico futbolista de Rosario Central, mantiene un vínculo cercano con el barrio Las Flores, donde nació y vive actualmente. A los 43 años, el exmediocampista participa de torneos amateurs junto a amigos y trabaja con su padre en la construcción.

Encina integra “Los de siempre”, un equipo que disputa torneos de veteranos en el parque Regional Sur y otras canchas de Rosario. En uno de sus últimos partidos debió jugar solamente un tiempo debido a una molestia en el tobillo, una zona que sufrió varias lesiones durante su carrera profesional.

Además, el exjugador continúa vinculado al deporte a través de los chicos del barrio. Durante los últimos años participó de un proyecto destinado a entrenar jóvenes y brindarles distintas actividades como una alternativa para alejarlos de la calle.

“Disfruto de la amistad del barrio y jugar con amigos. Siempre extrañé el barrio Las Flores”, contó Encina en diálogo con La Capital. Sobre su actual trabajo, explicó: “Hoy estoy con mi viejo trabajando de albañil. No se me van a caer los brazos por decirlo, no tengo vergüenza”.

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Encina se formó en las divisiones inferiores de Rosario Central y debutó en Primera el 27 de octubre de 2001, en una derrota por 3-1 ante Vélez en el estadio José Amalfitani.

Dos fechas después tuvo una oportunidad especial: Juan José López lo incluyó como titular en el clásico rosarino ante Newell’s. El partido terminó 1-1 y Encina marcó el gol de Central. Sin embargo, después de aquella aparición tuvo que esperar casi dos años y medio para volver a disputar un partido con el primer equipo.

Su regreso se produjo en marzo de 2004, en el triunfo 3-1 ante Racing, encuentro en el que también convirtió. Poco después sufrió la rotura de los ligamentos de la rodilla derecha y posteriormente atravesó otra lesión de gravedad en el tobillo.

Uno de los entrenadores que resultó determinante en su carrera fue Miguel Ángel Russo. Encina contó que se encontraba marginado y jugando en cuarta división cuando el técnico decidió reincorporarlo al plantel profesional.

“Estaba marginado y él me llevó a la Primera. Ahí tuve la oportunidad de jugar otra vez. Me dio una chance que nunca me habían dado en ese momento. Siempre estaré agradecido a Omar y a Miguel”, recordó.

También destacó la influencia de Omar Palma y Ángel Zof durante sus primeros años en el club. Según relató, Palma tuvo un papel importante tanto dentro como fuera de la cancha durante su formación.

Una carrera de 17 años

Encina disputó 366 partidos oficiales y convirtió 28 goles durante una carrera profesional que se extendió por 17 años y que incluyó pasos por siete clubes argentinos y dos equipos del exterior.

Después de Rosario Central tuvo experiencias en México, donde jugó para Tecos y Atlas de Guadalajara. En 2008 regresó al fútbol argentino para vestir la camiseta de Colón de Santa Fe y posteriormente pasó por Godoy Cruz.

También jugó en Barcelona de Ecuador, Gimnasia y Esgrima La Plata e Instituto de Córdoba. En 2012 volvió a Rosario Central, que atravesaba su tercer año consecutivo en la Primera B Nacional.

Durante aquella campaña fue titular habitual, disputó 33 partidos y convirtió tres goles. El equipo dirigido por Russo se consagró campeón y consiguió el ascenso a Primera División. En la máxima categoría, Encina disputó 28 encuentros y marcó cuatro tantos.

Uno de sus goles más recordados llegó en el clásico del 20 de octubre de 2013. Central derrotó 2-1 a Newell’s en el Gigante de Arroyito y Encina marcó el segundo tanto del equipo local.

El retiro y su vida en el barrio

Después de su etapa en Central, Encina jugó en Olimpo, Talleres de Córdoba, Independiente Rivadavia y Guaraní Antonio Franco. Con Talleres consiguió otro ascenso a Primera B Nacional y, tras su paso por el conjunto misionero, decidió ponerle fin a su carrera profesional a mediados de 2017.

Desde entonces, mantuvo su vida en Las Flores y continuó ligado al fútbol desde otros lugares. También tuvo un breve acercamiento a la política, motivado por su intención de colaborar con chicos del barrio.

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Actualmente, su rutina combina los partidos amateurs, el trabajo en la construcción junto a su padre y el contacto cotidiano con amigos y vecinos de Las Flores.

“Fui tocado por la varita mágica y volví a jugar. Gracias a Dios no paré hasta el día que me retiré”, resumió Encina al recordar su trayectoria.

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