El Pincha no pudo en la tanda de los penales contra Agustín Rossi, que atajó dos de los cuatro disparos.
En una noche cargada de emoción en el estadio UNO, el Pincha rozó la hazaña de eliminar al poderoso Flamengo, pero terminó sucumbiendo desde los doce pasos. Agustín Rossi fue el héroe de la definición: contuvo los remates de Gastón Benedetti y Santiago Ascacíbar —uno de los más destacados durante los 90 minutos— y selló el pase del Mengao a semifinales, donde enfrentará a Racing.
Lejos de los silbidos o reproches, la hinchada albirroja se rompió las manos aplaudiendo a sus jugadores. La bronca por la eliminación convivió con el orgullo por un equipo que jugó con personalidad, intensidad y convicción. Eduardo Domínguez había pedido inteligencia en la previa, y su equipo respondió con una actuación táctica sólida y emocionalmente potente.
Estudiantes se plantó con una línea de tres centrales, laterales decididos como Gómez y Arzamendia, y un ataque vertical que buscó a Carrillo y a los extremos Palacios y Medina. El gol llegó en el descuento del primer tiempo: Benedetti apareció por el segundo palo y fusiló a Rossi, que pudo haber hecho más.
El conjunto brasileño mostró su poderío ofensivo con llegadas de Pedro y Saúl Ñíguez, pero jugó el partido al trote, en contraste con la fiereza del León. En el complemento, Estudiantes tuvo chances claras: un gol anulado a Benedetti por el VAR y una ocasión de Cetré que pudo cambiar la historia.
Con el estadio convertido en una caldera y los jugadores acalambrados por el esfuerzo, la serie se definió en los penales. Allí, Rossi fue más que Muslera y apagó el sueño platense. Flamengo avanzó, pero Estudiantes se despidió dejando una huella emocional y futbolística.
