En los hechos no aprobó la revisión y tiene frenado el giro de US$ 1.000 millones.
En la diplomacia con el Fondo Monetario Internacional (FMI), las palabras públicas tienen escaso peso. Las decisiones se toman en oficinas cerradas en Washington y se evidencian a través de hechos concretos. Salvo en situaciones de ruptura total, como ocurrió en Argentina en 2001 cuando el organismo anunció que se había “discontinuado” el programa en curso y precipitó la crisis, las diferencias suelen manifestarse mediante acciones, frases cifradas en comunicados o silencios deliberados.
Actualmente, la relación entre el FMI y Argentina debe interpretarse bajo estos parámetros: aunque se intercambian elogios y declaraciones formales, el organismo mantiene postergada la aprobación de la última revisión del acuerdo y retiene el desembolso de USD 1.000 millones, lo que implica una paralización de hecho del programa vigente.
El ministro de Economía, Luis Caputo, tiene previsto viajar el próximo fin de semana a Washington para participar en la Asamblea de Primavera del FMI y el Banco Mundial. Allí se espera que se reúna con la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva. Aunque la agenda global estará marcada por la guerra en Medio Oriente y sus consecuencias económicas y financieras, el caso argentino ocupará un espacio relevante para los intereses del gobierno nacional.
En febrero, el FMI envió a su staff técnico a Buenos Aires para avanzar en la auditoría del programa y en los parámetros del denominado “Artículo 4”, una revisión anual que el organismo realiza a todos sus países miembros. Tras esa visita, el viceministro José Luis Daza viajó a la sede del FMI para continuar las negociaciones y buscar el cierre de la revisión, pero desde entonces no se registraron avances.
Dos semanas atrás, la portavoz del FMI, Julie Kozack, evitó brindar precisiones sobre Argentina en la conferencia de prensa quincenal del organismo. Kozack se limitó a señalar que, cuando existieran novedades sobre la revisión, serían comunicadas oficialmente.
Luego de las reuniones en Buenos Aires y Washington, el staff del FMI debía elevar al Directorio la recomendación de aprobar la etapa pendiente, lo que habilitaría el giro de USD 1.000 millones. Sin embargo, ese informe, que habitualmente se presenta dos o tres semanas después de concluidas las conversaciones, todavía no fue remitido.
Aunque Kozack destacó la firmeza del gobierno argentino en el sostenimiento del superávit fiscal, eludió pronunciarse sobre los datos negativos que muestran los principales indicadores: caída de la recaudación, aceleración de la inflación y retracción de la actividad económica. También evitó responder sobre las «dispensas» por incumplimientos del programa que el FMI deberá otorgar a Argentina, una de ellas vinculada a la meta de acumulación de reservas, que presenta un desvío de USD 11.000 millones.
Luis Caputo reconoció de manera indirecta que la acumulación de reservas es un punto de conflicto con el FMI. El gobierno argentino propone que las metas se computen de forma anual y no trimestral, dado que la estacionalidad podría dificultar el cumplimiento de los objetivos, un criterio que ya fue incorporado en acuerdos anteriores.
Por otro lado, el Fondo no ha expresado de manera pública su postura sobre el actual esquema monetario y cambiario. El Banco Central compra reservas pero no logra acumularlas, ya que se destinan a pagos de deuda. Tampoco se descarta que el organismo insista en una mayor acumulación, lo que podría presionar sobre el tipo de cambio. A esto se suma el reiterado pedido del FMI para que el gobierno levante el cepo cambiario a las empresas, una medida frente a la cual el Ejecutivo mantiene su resistencia.
En términos concretos, el FMI mantiene frenado el programa con Argentina al demorar los desembolsos. La revisión iniciada en febrero ya había sido postergada dos veces: primero en diciembre de 2025 y luego en enero de 2026.
A pesar de este contexto, el gobierno nacional cumplió con el pago de USD 830 millones correspondiente a febrero, lo que impactó en las reservas internacionales. Para abril, enfrenta un compromiso menor de USD 32.000, y en los primeros días de mayo debe cancelar otros USD 800 millones.
Las negociaciones de los próximos días serán determinantes para acceder a fondos que permitan mitigar el impacto de los próximos vencimientos.
Caputo viajará acompañado por el equipo económico, incluido el presidente del Banco Central, Santiago Bausili.
Aunque el tema aún no domina el análisis de los mercados, comienza a instalarse la hipótesis de que el estancamiento del riesgo país en torno a los 600 puntos y la imposibilidad del gobierno de acceder a financiamiento internacional se relacionan directamente con la distancia actual respecto al FMI.
La influencia de Estados Unidos en el Fondo Monetario Internacional es determinante en la política hacia Argentina. El enfriamiento de la relación no se formaliza mediante declaraciones, sino que se materializa en una señal concreta: «No hay plata».
