Energía, geopolítica y ajuste: el contexto internacional que enfrenta Milei ante la captura de Maduro

El enorme peso de Venezuela en el mercado del petróleo y el gas puede modificar de manera significativa los mercados de materias primas.


Si el año pasado, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, el escenario económico mundial se convirtió en un torbellino de cambios, la crisis de Venezuela puede alterar nuevamente las condiciones de la economía global.

Si Venezuela logra retornar rápidamente a un orden institucional tras la salida de Nicolás Maduro, el enorme peso del país caribeño en el mercado del petróleo y el gas puede modificar de manera significativa los mercados de materias primas.

Si Venezuela vuelve a producir hidrocarburos y a comercializarlos en los mercados mundiales, los precios de la energía podrían caer de manera sustantiva y arrastrar al resto de las materias primas.

Lo mismo podría ocurrir si el conflicto entre Ucrania y Rusia se apacigua y se resuelve la crisis con Irán, una posibilidad cada vez más cercana, habida cuenta del agotamiento de ambos países del este europeo y de las advertencias severas de Washington hacia el régimen persa.

Esto alteraría de manera importante los saldos comerciales de muchos países exportadores de energía, pero provocaría al mismo tiempo un sinceramiento de los precios en un mercado hoy visiblemente distorsionado por los conflictos internacionales.

Si bien este escenario puede provocar una pausa en las inversiones energéticas en la Argentina, el sinceramiento de precios traerá mayor previsibilidad y permitirá asegurar los negocios en el mediano plazo.

En este contexto, la administración Milei enfrenta un cambio en las coordenadas macroeconómicas con las que se manejará la economía durante 2026.

Tal vez la tasa de crecimiento sea más modesta, aunque más robusta desde el punto de vista cualitativo, y la Casa Rosada se vea obligada a extremar los cuidados fiscales y monetarios para consolidar una inflación cada vez más baja.

Este enfoque se desprende en parte del nuevo programa monetario y cambiario presentado por el Banco Central (BCRA), incluso antes de conocerse el episodio venezolano y en un escenario donde la evolución de ese conflicto aún es una incógnita.

El BCRA presentó un marco prudencial de política monetaria y cambiaria, en el cual el objetivo antiinflacionario aparece como irrenunciable.

La autoridad monetaria estipuló que “el monitoreo y control de los agregados monetarios será crucial en esta próxima etapa de remonetización”, y señaló que la oferta monetaria acompañará la recuperación de la demanda de dinero, priorizando su abastecimiento a través de la acumulación de reservas internacionales.

A tal efecto, el BCRA anunció que pondrá en marcha un programa de compra de reservas internacionales preanunciado a partir del 1 de enero de 2026.

Ese programa será consistente con la evolución de la demanda de dinero y la liquidez del mercado de cambios. En el primer caso, el BCRA mantendrá un sesgo monetario que evite esfuerzos sostenidos de esterilización, mientras la demanda de dinero evolucione conforme a lo esperado.

En cuanto a la liquidez cambiaria, inicialmente el monto de ejecución diaria estará alineado con una participación del 5% del volumen del mercado de cambios. De manera complementaria, el BCRA podrá concretar compras en bloque cuando sea necesario para evitar alteraciones en el funcionamiento y la estabilidad del mercado.

Paralelamente, avanza el proceso de recuperación del acceso a los mercados internacionales de deuda, con el objetivo de refinanciar los vencimientos de capital del Tesoro Nacional.

Ese proceso, junto con el crecimiento del financiamiento externo de las empresas, permitirá que el flujo de compra de reservas se traduzca en un aumento del stock de reservas internacionales del BCRA, dado que estas no deberán destinarse al pago de vencimientos de capital e intereses.

Sin embargo, el Banco Central dejó en claro que la inflación seguirá siendo el objetivo prioritario. En ese sentido, señaló que “la calibración de la política monetaria se realizará en función de la evolución de la inflación, su relación con el nivel de actividad y las condiciones financieras que determinan la demanda de dinero”.

Asimismo, aclaró que mientras la inflación observada se mantenga por encima de la inflación internacional, el BCRA sostendrá un sesgo monetario contractivo respecto de la trayectoria de la demanda de dinero prevista en su Programa Monetario 2026.

Finalmente, en lo referido al mercado cambiario —tal vez el punto más sensible del esquema económico—, el BCRA estableció que el sistema continuará operando bajo un régimen de flotación entre bandas.

A partir del 1 de enero de 2026, el techo y el piso de la banda de flotación cambiaria evolucionarán mensualmente al ritmo del último dato de inflación informado por el INDEC, con un rezago de dos meses (t-2).

Las bandas de flotación seguirán cumpliendo la función de limitar el riesgo de movimientos extremos y abruptos del tipo de cambio.

Esto implica que el mercado cambiario continuará bajo una “libertad vigilada”, condicionada a la balanza de pagos, a los flujos de capital y a la capacidad de la Argentina de volver a seducir a los inversores internacionales, luego de décadas de desconfianza, incumplimientos y deterioro institucional.

Entradas relacionadas

Deja tu comentario