El Pontífice redefine el poder en la Iglesia con reuniones anuales y diálogo abierto para afrontar las tormentas del siglo XXI.
Un total de 170 cardenales, de los 245 que integran el Colegio Cardenalicio, participaron del Consistorio Extraordinario convocado por el Papa León XIV, el primero de su pontificado tras ocho meses al frente de la Iglesia. El encuentro se desarrolló a puertas cerradas y abordó únicamente los dos primeros grandes temas de la agenda propuesta por el Sumo Pontífice.
Durante tres sesiones realizadas en dos jornadas, los cardenales debatieron sobre sinodalidad y evangelización. En ese marco, el Papa propuso —y los purpurados aceptaron— institucionalizar una reunión anual de estas características, cuya primera edición se realizará en junio próximo en el Vaticano, con una duración de dos días.
Un nuevo estilo de conducción en la Iglesia
Las sesiones se llevaron a cabo en la Sala de Audiencias, con los cardenales dispuestos en veinte mesas redondas, una de las cuales fue ocupada por el propio Pontífice. Este formato marcó el inicio de un nuevo estilo de gobierno colegiado dentro de la Iglesia.
Durante el consistorio, León XIV enfatizó la continuidad con el Concilio Vaticano II (1962-1965), al que definió como la “estrella polar” que guió a la Iglesia hacia la modernidad. Sus palabras se dieron tras la clausura del Año Santo Jubilar 2025, que reunió a 33 millones de peregrinos de 184 países en Roma.
Al finalizar las sesiones, el director de la Oficina de Prensa del Vaticano, Matteo Bruni, junto a tres cardenales, dialogó con los medios. Bruni señaló que el Papa propuso consolidar este encuentro anual permanente y extenderlo a tres o cuatro días. En la misma línea, el cardenal sudafricano Stephen Brislin destacó que el Pontífice “quiere escuchar” y ejercer un liderazgo verdaderamente colegiado.
Preocupación por Venezuela y llamado a la unidad
El cardenal colombiano Luis José Rueda Aparicio expresó que el Papa manifestó una profunda preocupación por la situación en Venezuela, y su deseo de promover el diálogo y la búsqueda de consensos.
Durante la apertura del miércoles, León XIV fue enfático al señalar que el consistorio no debía servir para promover “agendas personales o grupales” y remarcó que “la unidad atrae y la división dispersa” dentro de la Iglesia.
“Somos un grupo muy variado, enriquecido por muchas procedencias, culturas, tradiciones eclesiales y sociales, trayectorias formativas y experiencias pastorales. Estamos llamados, ante todo, a conocernos y dialogar para poder trabajar juntos”, afirmó el Pontífice.
Además, el Papa invitó a los cardenales a expresar sus ideas de cara al futuro inmediato: “Estoy aquí para escuchar. Frente al camino de los próximos uno o dos años, ¿qué aspectos y prioridades podrían orientar nuestra acción?”, planteó.
Tras el discurso papal, tomó la palabra el cardenal británico Timothy Radcliffe, quien recordó a sus pares la responsabilidad de acompañar al Papa en medio de las “tempestades” que atraviesa la Iglesia, como los abusos sexuales y las divisiones ideológicas. “El Señor nos llama a navegar esta tormenta y afrontarla con verdad y valentía”, expresó.
