El Niño podría volver con fuerza hacia fines de 2026 y crece la preocupación por sus efectos

Especialistas plantean señales tempranas de un fenómeno que podría extender sus efectos hasta comienzos de 2027.


La posibilidad de que un fenómeno de El Niño intenso se desarrolle hacia el final de 2026 plantea nuevos desafíos para las ciudades expuestas a lluvias fuertes, inundaciones, olas de calor y otros eventos extremos. Un análisis de la investigadora Bethany Tietjen, de la Universidad de Tufts, advierte que la preparación no debería limitarse a obras de infraestructura, sino también contemplar a las poblaciones con mayor vulnerabilidad.

El Niño es un fenómeno climático natural asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial, que puede alterar los patrones habituales de precipitaciones y temperaturas. Sus efectos varían según la región: mientras algunas zonas pueden atravesar lluvias intensas e inundaciones, otras pueden experimentar períodos de sequía.

Entre las señales observadas aparecen un verano particularmente cálido en Estados Unidos, dificultades para el transporte marítimo por la sequía en el canal de Panamá y diferencias marcadas en la actividad de huracanes entre el Pacífico y el Atlántico.

Ante un escenario de mayor riesgo, los especialistas recomiendan revisar defensas contra inundaciones y sistemas de desagüe, además de mantener en condiciones presas, canales, rutas y puentes. También resulta clave retirar ramas y árboles que puedan afectar tendidos eléctricos durante episodios de viento fuerte.

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El estado de las obras existentes es otro de los puntos de preocupación. Diques y presas deteriorados pueden aumentar los riesgos frente a lluvias persistentes, mientras que las reparaciones de infraestructura de gran escala suelen requerir importantes recursos y largos períodos de ejecución.

Pero el impacto de un evento extremo no depende únicamente de la infraestructura. El análisis destaca que personas mayores, personas con discapacidad, familias de bajos ingresos y quienes no tienen vivienda pueden enfrentar mayores dificultades para evacuar, acceder a medicamentos, encontrar refugio o recuperar sus hogares después de un desastre.

Por eso, los especialistas plantean que los gobiernos incorporen esas condiciones sociales a los planes de emergencia y realicen simulacros antes de que llegue una eventual temporada de mayor riesgo. La planificación, el mantenimiento preventivo y la coordinación entre organismos aparecen como herramientas centrales para reducir el impacto de posibles inundaciones, tormentas y olas de calor.

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